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miércoles, 23 de diciembre de 2020


Una producción del Museo Vivo de Carnaval Metropolitano


Vicio Chiflado, de Almagro.

Un disco de murga de los 70

Charla, presentación y anécdotas junto a: ◼️Martín Di Napoli ◼️Hector Cicero ◼️Lito Corvalan ◼️Carlos y Rogelio Paltrinieri ◼️Gallego Espiño ◼️Daniel Chádres ◼️Dany Laham Los Viciosos de Almagro y Los Chiflados de Almagro con canciones de los 70 con un audio remasterizado sin perder la esencia de ese entonces. Para destacar y agradecer a Eduardo Perez "Nariz", un baluarte de nuestro carnaval por atesorar y compartir ese material.






domingo, 24 de marzo de 2019





Memoria travesti-trans: “El Carnaval era el único momento de libertad”

Por: Agencia Presentes 
Fotos y testimonios: Archivo de la Memoria Trans.
Textos: Paula Bistagnino


De la exclusión al centro de la escena, del encierro de las casas y cuartos de pensión a los aplausos y las plumas en la calle. Los carnavales fueron históricamente para las travestis y trans su fiesta popular. La única: esas seis noches al año, dos fines de semana de viernes a domingo, eran las únicas en las que las pelucas, el maquillaje y los tacos no las convertían en marginales ni criminales sino en las divas de los desfiles y corsos de los barrios de la provincia de Buenos Aires y la Capital.


“Esperábamos todo el año los seis días de corso en los que podíamos salir a la calle y ser nosotras en libertad: nos encontrábamos, nos divertíamos, nos poníamos todo. Era como un sueño de divas, algo que sólo se podía vivir en el Carnaval o el exilio”.



“Eran 6 días de libertad y 350 de cárcel. No exagero. Así era para nosotras. Así fue antes y después de la dictadura, incluso peor después de la dictadura. Esos días era algo mágico: porque de que nos discriminaran pasábamos a ser como las divas. Si no había travestis en un corso, era como que faltaba algo”.





“En esa época existían lo que se llamaba edictos policiales: a nosotras nos llevaban por el artículo 2° F: llevar ropas contrarias al sexo. Así que salíamos al almacén o a comprar cigarrillos y nos levantaban. No era posible ni andar en pollera media cuadra porque te llevaban, así que ¡imagiante lo que era salir con conchero y pezonero! Era una fiesta para nosotras”.



“Vivíamos como gitanas esos días en los colectivos: a veces dormíamos ahí. Ya a las 16 llegábamos para montarnos a las casas donde se organizaba y terminábamos a la madrugada”.





”Nos pasábamos mucho tiempo haciéndonos los trajes: los cosíamos nosotras. El día del corso nos reuníamos en la casa de alguna compañera siempre, a montarnos juntas. De las murgas nos mandaban a buscar en un colectivo: y por ahí íbamos a cuatro o cinco corsos distintos en una noche, como una gira. Algunos incluso nos pagaban”.



“Y en ese tiempo, los 70/80, no había más que hormonas y estaba muy de moda Moria Casán. Así que nos poníamos goma espuma para hacernos las caderas y cuatro o cinco pares de media arriba y el conchero”.





“Era como el cuento de la princesa al que se le acaba el encanto: terminaba el carnaval y tenías que salir corriendo porque ahí nomás te manoteaba la policía. Terminaba la murga y estaba la camioneta esperándonos o el camión o el colectivo para llevarnos presas”.



“Íbamos a varios lados, donde había corsos: en Tigre, en San Isidro, en San Fernando, en Béccar, en toda la zona norte. Pero había por todos lados: por toda la provincia y en los barrios de la capital. Depende de la murga en la que vos estabas o de la que te invitaban. Pero era como una cita infaltable: la fantasía de todos los días”.





“La gente nos aplaudía: nos gritaba cosas lindas y se sacaba fotos con nosotras. Éramos como las estrellas de la fiesta. Seguro que alguno se reiría o haría chistes, pero no nos importaba: nosotras lo disfrutábamos, estábamos felices… Mirá si me iba a importar, con todo lo que estaba acostumbrada a soportar”





“De chica mi mamá no me dejaba participar y me decía que no lo hiciera nunca, porque nos llevaban para reírse de nosotras. Después estuve en pareja con uno que tocaba el bombo en una murga pero era celoso y no me dejaba participar. Iba toda tapada al lado suyo… Pero cuando pude, me puse las plumas y fui”.





“Empezabas de chiquita, de adolescente ya salías: te invitaban del barrio porque te conocían. Y vos te ibas haciendo el traje todo el año. Terminaba un carnaval y ya empezabas a pensar en el traje que te ibas a hacer para el año siguiente”.



“Igual, había una parte triste y era que cuando ibas ahí te dabas cuenta de había compañeras que ya no estaban: de un verano al otro muchas se había exiliado, pero también muchas ya estaban muertas. Nunca éramos otra vez las mismas”.





“Mi grupo se llamaba ‘Las Divas’, éramos ocho y en realidad yo era la única travesti: las demás eran todas lo que llamábamos ‘maricas chicharras’, que son esos maricas muy afeminados pero que andaban más de varón”.





“Una murga tenía que tener sí o sí las chicas trans porque si no era un aburrimiento. La gente se amontonaba para vernos porque era la única oportunidad. Éramos como una atracción, porque después todo el año estábamos ocultas por esto de la represión de la policía. La gente iba a vernos y a sacarse fotos con nosotras. Y muchas nos decían cosas lindas de apoyo, porque sabían lo que nosotras pasábamos, que era entrar a un supermercado o un restaurante y que alguien te mandara a la policía para que te sacara”.





“Un poco se extraña ese clima de carnaval. Pero mejor es hoy, que siguen pasando cosas, pero no así. Ahí nunca sabías si ese carnaval era tu último carnaval”.



domingo, 3 de marzo de 2019



Glorias del Carnaval Porteño

Cacho Conde, "Mamadera". 





Cacho Conde, conocido como "Mamadera" o "El Sordo", ilustre  bombista del barrio de Saavedra es una  figura representativa y destacada de la murga porteña, hermano de Marta Conde,  quien  fuera una de las primeras mujeres murgueras en la Ciudad de Buenos Aires.  En esta antigua fotografía de Los Curdelas   se lo ve  junto a  Pachi, otro niño de la misma agrupación. 







Fotografía de Los Curdelas. A la izquierda con bombo, Cacho "Mamadera".  Al frente,  su primo, El Bocha, legendario bailarín saavedrense, también miembro de la afamada familia Conde, que supo hacer  historia en el carnaval porteño y que   inaugurara toda una tradición rítmico - expresiva  que hoy tiene plena vigencia en la murga de la Ciudad de Buenos Aires. 




Los Curdelas de Saavedra. Puede verse a Cacho Conde en esta fotografía de fines de  la década de 1960 junto a Tivo Avalos, otro gran bombista de la época. 


Además de Los Curdelas de Saavedra, Cacho Conde y su familia participaron en otras murgas de la ciudad, tales como Los Elegantes de Saavedra,  Los Mimosos de la Paternal, Los Magos de Saavedra, Los Viciosos de Villa Martelli  y varias otras más.  










Su hija, Angeles, continúa la tradición familiar hasta el día de hoy y se siente agradecida heredera  de esta pasión que heredó de su papá. Aquí la vemos junto a sus cuñadas en la murga Los Rompebolas del Kilómetro 30 
















viernes, 16 de febrero de 2018


"Mocosos y Chiflados" 


Primera emisión de “Apuntes sobre la cultura popular”,  ciclo de televisión auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.  

Eduardo Mignogna presenta su docudrama señero en el año 1986 explorando el mundo de la murga a través de la búsqueda en la identidad de dos agrupaciones emblemáticas, Los Mocosos de Liniers y Los Chiflados de Liniers.  



domingo, 1 de marzo de 2015




¡Abran cancha que aquí llega!

Documental de Jorge Gallegos. 
Un recorrido por la historia del carnaval porteño 
y por las expresiones murgueras de la actualidad 
con entrevistas a sus protagonistas.





lunes, 27 de enero de 2014


EL NACIMIENTO DE UN MITO
DANIEL "PANTERA" REYES 
BARRIO DE SAAVEDRA
EN EL BOMBO OTRA LEYENDA, PETETE


viernes, 18 de octubre de 2013

NARIZ EL MURGUERO 



Cuenta Coco Romero: Nariz, el murguero fue dirigido por Gustavo Marangoni y se filmó entre 1994 y 1997, en forma independiente y sin apoyos oficiales ni privados, con un gran esfuerzo de producción y la participación de cantidad de reconocidos técnicos cinematográficos. En este video participan, además de Nariz, compañeros de aquellas viejas murgas y más de diez agrupaciones.

Una tarde en una salida a comprar facturas para el mate del domingo, me encontré de casualidad en la avenida Rivadavia y Jean Jaurés con Nito Chadrés, lo invite a que pasara el domingo siguiente por mi taller que está a media cuadra de allí para hacerle una entrevista.
A partir de allí mantuvimos una fraternal comunicación que se cortó con su fallecimiento un día de carnaval. En uno de los memorables encuentros Nito me trajo el poema de Guigue que hablaba de un personaje que el admiraba: Nariz, leí el poema e inmediatamente la música apareció solita. 
Grabé este tema con la primera formación de “Yo lo vi”, años después formó parte del CD “Murga, vuelo brujo”. Durante el año 1994, conocí a Gustavo Marangoni en la presentación del video “La gran murga de la Boca”, unos meses después comenzamos a trabajar sobre la idea que daría luz en el 98 al video sobre Nariz, que tantas satisfacciones nos dio.



Ficha Técnica
Dirección: Gustavo Marangoni.
Asesoramiento, investigación y colaboración en guión: Coco Romero.
Dirección de Fotografía: Gerardo Silvatici, Eduardo Pinto y María Laura Luczkow.
Colaboración en estructura: Patricia Enis.
Edición: Patricia Enis, Sergio Zottola, Pipo Bonamino y Gustavo Marangoni.
Asistencia de dirección: Clara Isasmendi y Mario Iglesias.
Producción: Martín Aguayo, Ana María Mónaco, Sandra Wortley y Pablo Ameijeiras.
Cámaras: Eduardo Pinto y Gustavo Marangoni.
Escenografía: María Iglesias.
Diseño de afiche: Alejandro Bermann.
Fotografía Maximiliano Vernazza.

domingo, 9 de septiembre de 2012

EL CORSITO - PUBLICACION DEL CENTRO CULTURAL RICARDO  
                                                      ROJAS   DIRIGIDA POR COCO ROMERO 

Haciendo historia
Por Alicia Martín
Sembrando en tierra arrasada
A comienzos del año 1984, el regreso de un goobierno constitucional despertaba grandes esperanzas. Sin embargo, había que reconstruir desde el terror y la fragmentación producidos por la dictadura entre los años 1976 y 1983. Difícil sintetizar el profundo quiebre producido entonces en la sociedad argentina: desaparecidos, exiliados, instituciones cerradas (Congreso, partidos políticos, sindicatos), intervenidas (universidades, obras sociales), desvirtuadas (el poder judicial)... La devastación, abarcaba todos los órdenes de lo que había sobrevivido, incluido el cultural.
Para aquella época, ganar la calle y ocupar los espacios públicos fueron puntos en común entre los que preparaban un nuevo renacer. Intelectuales y productores culturales hurgaron estéticas más directas, lúdicas y participativas en la profundidad de nuestra historia cultural.
El Centro Cultural Ricardo Rojas operó entonces como verdadero laboratorio cultural. Coco Romero se presentaba en esta dependencia de la Secretaría de Extensión de la Universidad de Buenos Aires, como titiritero, músico e investigador del carnaval porteño. Él, sus seguidores y amigos corrieron el telón para representar una gran historia poco conocida y sin registros escritos, abriendo paso a los viejos murgueros para sumarse como representantes y depositarios de una tradición popular olvidada. Contará en su libro que todo se inició con un seminario que dictara en el Rojas con el antropólogo Ricardo Santillán Güemes: “El público que acompañó aquella experiencia fue muy significativo, músicos, teatreros y los que añoraban la murga se dieron cita para escuchar y compartir las experiencias de los artistas de la calle” (Romero 2006: 228).
Pero además de activar viejas tradiciones, la amplia gama de expresiones del arte que se despliegan en la murga interesó a artistas plásticos, fotógrafos y cineastas, teatristas, músicos, bailarines, coreógrafos, coleccionistas y estudiosos. Romero auspició y colaboró con personajes de todas estas ramas de la cultura. Coco había acuñado una excelente síntesis: “la murga es el ingreso a las bellas artes de nuestros sectores populares”. Y desarrolló desde el Centro Cultural Rojas una variada actividad en la recopilación, sistematización y promoción de las artes carnavalescas porteñas. Sin el propósito de agotar este itinerario, resumiré aquí algunas de las áreas que exploró y desarrolló nuestro personaje en espacios institucionales. Si bien no es sencillo segmentar una trayectoria tan compleja y extensa, voy a centrarme en un posible inicio de esta historia, a fines de los 80’ culminando a mediados de los 90’.

El clima de la época
Un antecedente de importancia en la emergencia de las artes carnavalescas en Buenos Aires, se produjo cuando el movimiento de Teatro Abierto abrió el 24 de septiembre de 1983 su ciclo por la emblemática avenida Corrientes, habida cuenta de que “manos anónimas” habían incendiado y destruido el Teatro del Picadero, sede del movimiento. Junto con los actores de Teatro Abierto, escritores y dramaturgos, abrieron la marcha por la avenida Corrientes diversos centro-murga que aún se organizaban entonces. Esta invitación a marchar juntos artistas consagrados y carnavaleros implicó un reconocimiento de la vanguardia del teatro porteño hacia los artistas de carnaval. Recuerda Coco Romero: “Se desfila como en un gran corso de cuarenta cuadras, cantando y bailando chacarera o murga, todos disfrazados. En el recorrido se van sumando otras agrupaciones hasta el destino, un gran escenario en Parque Lezama. A la llegada de la gran murga al Parque se quema el fantoche Censura y se arma el baile” (Romero 2006: 215-216).
A su vez, el gobierno de la ciudad abría también nuevos espacios de reunión a través del Programa Cultural en Barrios, con la idea de restaurar desde la acción cultural, el debilitado entramado social. Durante la gestión del historiador Félix Luna al frente de la Secretaría de Cultura, se organizaría el Primer Encuentro de Murgas. Esto sucedió el 10 de diciembre de 1987, en el Centro Cultural San Martín. “El coordinador del mismo fue un apasionado de la murga, el multifacético Horacio Spinetto, arquitecto, historiador, escritor y artista plástico”, recuerda Romero (2006: 227). Estuvieron invitados integrantes de Los Viciosos de Almagro, Los Pata Brava de Morón, Los Mocosos de Liniers, Los Reyes del Movimiento de Saavedra, el director de la Escuela Municipal de Arte Dramático de Mar del Plata Alberto Mónaco, Los Nenes de Suárez y Caboto junto con Orestes Vaggi, famoso coleccionista del barrio de la Boca y titular del Museo de las Tradiciones Populares de la Boca del Riachuelo. Un incisivo intercambio verbal sobre el carácter de la convocatoria, incluyó acusaciones hacia Los Nenes de Suárez y Caboto, por declararse a sí mismos “agrupación humorística” y no “murga”, situación que culminó con el retiro desairado de éstos y de Orestes Vaggi. Dando por superado el incidente, Rubén “Tarantela” Revelchioni, (notable autor y cantante de Los Mocosos de Liniers), demostraba la vigencia de la murga porteña entonando a viva voz y a capella temas de su repertorio carnavalesco. El episodio señalaba que no sería fácil establecer acciones comunes con los sobrevivientes carnavalescos, pese a lo cual Spinetto organizaría aún dos encuentros más, en el Centro Cultural Recoleta, durante 1988 y 1989.
Otra señal del cambio de los tiempos fue la película “Chiflados y Mocosos”, estrenada en 1986. El cineasta Eduardo Mignona realizó esta película para el canal oficial de TV, que junta en su título los nombres de dos agrupaciones carnavalescas legendarias del barrio de Liniers. Allí Mignona traza una metáfora donde la libertad de la murga se une con las demoradas aspiraciones democráticas de la sociedad civil. Sobre un argumento documental y ficcional a la vez, desarrolla un paralelismo entre la clandestinidad y resistencia de las murgas con la represión política y cultural. La última imagen, con los Mocosos: Carmelo, Lauchín y Tarantela bailando sobre la vereda del teatro Colón, plasma gráficamente los lugares y el contraste entre la cultura popular y la cultura oficial.
Años antes, y aún en tiempos de dictadura, el cineasta Daniel Monayer pasó un verano con “Los Fantoches de Boulogne”, en el conurbano de la ciudad de Buenos Aires, registrando personajes y actividades de esta agrupación en su película “Artistas de carnaval” (1982, 16 mm, producción independiente).
Estas breves referencias indican la gestación de un movimiento cultural fuertemente comprometido con la memoria popular. En ese marco, Coco Romero fue un articulador que potenció saberes olvidados. Pero sobre todo, y este es mi énfasis en este artículo, creó espacios para el encuentro y sentó las bases para generar una nueva institucionalidad en torno al carnaval porteño. O si se quiere, logró dar forma a sus sueños con realizaciones que hicieron historia.

Desembarco en el Rojas
El sitio de Internet del Centro Cultural Ricardo Rojas evoca así el surgimiento de las actividades relacionadas con la murga porteña:
“1988. Jorge Nacer, el entonces coordinador de las actividades de música del Centro Cultural Rojas, invita a Coco Romero a dictar un seminario sobre murga. Durante dos meses, se realiza el encuentro semanal bajo el título ‘Murga, fiesta y cultura’, junto a Ricardo Santillán Güemes. Siguieron el ciclo ‘los hermanos Acosta’ con un seminario de candombe” (Sitio electrónico del C.C: Rojas, Historia: Del taller al área)
Por su parte, Romero cuenta: “Durante 1988 abrimos en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, los talleres de murga. Ese primer año lo realizamos junto con el antropólogo Ricardo Santillán Güemes y tuvo el formato de seminario de dos meses... Preparamos el seminario cubriendo el aspecto teórico y dándole voz a las murgas y grupos que volvían al circuito del carnaval como ‘Los Mocosos de Liniers’; también participaron ‘Los Chiflados de Liniers’ … La joven murga de Daniel Reyes, (Pantera) ‘Los Reyes del Movimiento de Saavedra’ y ‘Los Xeneises de la Boca’. La mayor parte de los participantes se convirtieron en nuevos eslabones y continuadores de la idea de recuperar la murga. El Rojas fue el espacio que nos permitirá desarrollar las ideas que entonces compartíamos con Santillán.” (Romero 2006: 228. Mi énfasis)
“Dándole voz a las murgas”, señala la distancia que separaba entonces una teoría de la fiesta popular con los personajes sueltos y retazos de historia carnavalera que todavía seguían activos. Coco cierra el párrafo adelantando su objetivo, la idea “de recuperar la murga”, afirmando que fue el Centro Cultural el espacio para desarrollarlas. Este breve relato expone el tono legendario que Romero imprime a toda su actividad, y permite advertir entre líneas, que la tarea que se impone -“recuperar la murga”-, es su proyecto.
El desafío era transmitir un arte complejo, total o multidimensional, en donde se expresan todas las ramas de las “bellas artes”: desde la poética, la música, la danza, a la interpretación y las artes plásticas. Pero tanto o más arduo, imaginar un método o forma de transmisión de estas multifacéticas expresiones populares, que hasta el momento se habían aprendido y reproducido en forma folclórica, es decir, por la experiencia, la imitación y la repetición.
Romero convocó entonces a carnavaleros de distintos barrios para enseñar las artes de la murga: jóvenes murgueros de los barrios de Liniers, Almagro, Saavedra y el Abasto enseñaron danza; Alberto Ambruzzo, Leandro Aguirre, Gabriel Srur, José Luis Tur y Ana Biondo, de Liniers, danza, canto y composición de canciones; “Tete” Aguirre y “Tato” Serrano la base rítmica de bombo con platillo. Para 1991, el mismo Coco Romero dictaba solo los Talleres, con colaboradores más ocasionales de las formaciones barriales. Abriendo el espacio de los Talleres de murga, el propio Romero se formó como maestro en las artes carnavalescas.
La convocatoria a los talleres de murga no proponía explícitamente la conformación de agrupaciones. Este producto fue más bien, resultado de un proceso complejo, con avances y retrocesos, en cuya definición intervinieron activamente todos los involucrados. En esos años fundacionales, la recepción de la propuesta de los Talleres de murga en el Centro Cultural Rojas, circuló entre jóvenes de otro sector social, casi absolutamente ajeno a la celebración del carnaval de la ciudad de Buenos Aires, mayoritariamente estudiantes de nivel terciario o egresados de escuelas de artes plásticas, teatro, danzas, música. Para corroborar este planteo, trazaremos en los recuerdos de E., joven mujer integrante de los primeros talleres en el Rojas, algunos de los caminos ensayados, así como los puntos de encuentro y cooperación, atracción y diferenciación entre talleristas y murgueros barriales:
“Yo no conocía la murga, nunca jamás había visto un carnaval en Buenos Aires ... Y cuando entré a la murga, vi bailar a la gente de Liniers (que en ese momento estaba Alberto, el negro Ambruzzo...) y me quedé ALUCINADA. Pero por lo lindo, y por lo feo también. Creo que eso lo descubrí el primer día que fui, o sea, que ahí había algo interesante que no tenía nada que ver con mi historia, digamos. Estaba buenísimo... me llamó muchísimo la atención y empecé a ir al taller... Y nada, me enganché, me fui enganchando y enganchando”. (Entrevista con E., 2004)
El atractivo de este taller, el plus diferencial con respecto a las artes consagradas, era ese “algo... que no tenía nada que ver con mi historia”. Los talleristas, en su mayoría mujeres jóvenes entrenadas en lenguajes artísticos, aprendían las exóticas y desconocidas artes murgueras con carnavaleros barriales, en su mayoría hombres jóvenes que jamás habían pisado una escuela o taller de cualquier arte. El encuentro entre mujeres y hombres jóvenes de distintas procedencias sociales y culturales, (encuentro que sólo allí podía llegar a darse), no habrá sido un atractivo menor para cada uno de los grupos. Recuerda E. “Y a ellos se los veía muy contentos también enseñando.... Había como una fascinación también de enseñar ésto, de transmitir de otra manera ésto. Había como muy buena onda en aquel momento. Por lo menos de los que iban. De los que no iban, cada cual tiene su versión, pero de los que iban, la verdad que laburaban muy bien. No había problema, estaban contentos de hacer eso... “
La fascinación inicial genera una interacción intensa y fluida. Los murgueros de barrio también habían crecido con estos nuevos contactos, que desencadenarían entre ellos interesantes procesos de reflexividad y renovación del género carnavalesco. Sin embargo, “los nuevos” se venían con un impulso atropellador, y una entrega o “militancia” (en términos de Coco Romero), que iban a sacudir al espacio carnavalesco tradicional.
Los Quitapenas, en principio del Rojas, fueron la primera “murga sin barrio”. La finalización de la experiencia en los Talleres, fue de la mano de la exploración del medio carnavalesco, cosa que Coco Romero siempre impulsó como parte del aprendizaje. Los “nuevos” proyectaron sobre la murga y el carnaval una serie de actividades y renovación expresiva. En este sentido, los nuevos contextualizaron la práctica carnavalesca a su propio ritmo, gusto y formato. Es decir, tomaron decisiones audaces y renovadoras en la elección de las formas expresivas y organizativas de la tradición murguera que querían o no querían asumir.
La definición de los objetivos y el destino de los talleres y los talleristas fue entonces resultado de un proceso complejo, de prueba, ensayo y error. Y por supuesto, el marco institucional de Rojas, que a lo largo de la década del 90’ fue variando también.
En su libro, Coco Romero resume los efectos de esta actividad en el Centro Cultural: “Con la recuperación de la democracia en la Argentina esta modalidad [de Taller], ligada a la educación artística no formal, logra un crecimiento que llega a visualizarse en la actualidad. Los talleres de murga abrirán un camino de crecimiento del género con una interesante mixtura de pasado y presente. Este formato permite la unión de los grupos tradicionales con las nuevas corrientes y, a su vez, genera algo muy significativo: la murga se escapa del carnaval. Se trabaja durante todo el año y en los más variados escenarios. Ninguna estación del año la detiene... Ya nada será igual” (Romero 2006: 224-225)
Pasados los años, desde 1996 Romero inició contactos con agrupaciones carnavalescas y grupos de promotores culturales del interior del país. Trabajó con grupos de Bahía Blanca, Gral. Villegas, Lincoln, Gral. Madariaga, Mar del Plata, Neuquén, El Bolsón, Mendoza, expandiendo su proyecto por recuperar la murga (El Corsito Nº 6, 1996; Nº 14, 1998)
En nuestro caso, los talleres de murga del Rojas al tiempo que contextualizaron la práctica carnavalesca a nuevos tiempos y espacios, formaron nuevos agentes que se formaban a sí mismos como murgueros. En el impulso de nuevas actividades, fueron constituyendo un sector que operó fuertemente. Por el mismo proceso, posicionaron las artes carnavalescas en contextos novedosos, reactivaron a viejos artistas, es decir, colaboraron para escribir la tradición del carnaval porteño. Muchos de los primeros talleristas serían contratados como docentes de nuevos talleres, armarán murgas en los barrios, impulsarán el ingreso de la murga al sistema educativo. En esta versión que expurgó los elementos competitivos, machistas y violentos de las agrupaciones carnavalescas, las murgas empezarán a circular por ámbitos novedosos. Amenizarán fiestas privadas, como casamientos, cumpleaños. La agenda de la actuación murguera se ampliará dando lugar a formas de trabajo cultural. Y quizás lo más importante: se establecerá un diálogo constante con las formaciones barriales, proyectando a sus jóvenes dirigentes a nuevos desafíos. Surgirá de este medio una suerte de activismo murguero, que renovará las relaciones con las instituciones, el estado y los medios de comunicación.

El frente teatral, la creación y difusión
La experiencia en Talleres fue sólo una de las actividades que exploró Romero en su empresa por “recuperar a la murga”. El mismo procedimiento de combinar artistas profesionales con artistas folclóricos, lo empleó en 1992 para presentar el espectáculo “Aguante, murga”, en el auditorio de A.T.E. (Asociación de Trabajadores del Estado). Allí actuaba el grupo de músicos “Yo lo vi”, dirigidos por Coco Romero, y los jóvenes asistentes al Taller de murga porteña del Centro Cultural Ricardo Rojas, bajo el nombre de “Los Quitapenas”. Sobre el escenario, la ambientación de la artista plástica Cristina Árraga daba un marco carnavalero al espectáculo.
 “Nito” Chadrés, “Bebe” Lamas, el “Gallego” Espiño, Eduardo “Nariz” Pérez, experimentados murgueros de los barrios de Almagro y de Palermo, actuaron como ellos mismos, en un entremés titiritero de excelente factura. La trama presentaba a la “muerte”, títere de cuerpo entero interpretado por Mariana Brodiano (integrante del grupo de teatro callejero Los Calandracas), que venía a llevarse a la murga. En cada entrada, era desafiada y corrida por los murgueros. Todo esto intercalado con las canciones musicalizadas por Romero, que integrarían en 1994 el CD “Murga, vuelo brujo”. En esos dos años que van desde la presentación musical a la grabación del disco, el centro-murga Yo Lo Vi y Coco Romero llevarían su música a innumerables escenarios y medios masivos. La mitad de la población de la ciudad, reconocería así por primera vez, los sonidos que producía e identificaba a la otra mitad de la misma ciudad.
En ese mismo año, Romero concibió la publicación “El Corsito”, de frecuencia cuatrimestral dirigida por él, editada y distribuida por el Centro Cultural Rojas. El primer número apareció en febrero de 1995, con el lema “Momo, volvé, nosotros te queremos” y la leyenda: “Material de distribución gratuita que reúne material de divulgación y consulta sobre el Carnaval”. Este año El Corsito cumplió gloriosos e ininterrumpidos dieciseis años.

La epopeya murguera
El reconocimiento y exhibición de las artes carnavalescas en nuevos circuitos, generó procesos de reflexividad e intercambio difíciles de soñar años antes. Resurgían de sus cenizas murgas tradicionales de los 50’, como “Los Cometas de Boedo”. “Los Mocosos de Liniers”. armarían bajo la dirección del director teatral Carlos Palacios, versiones en formato murguero de “Sueño de una noche de verano” (de William Shakespeare), en 1990. “Los Herederos de Palermo”, organizados por Oscar “el Turco” Schumacher, remozaban la base musical de la murga porteña incorporando instrumentos melódicos, como trompetas, y amplificados, como guitarras eléctricas. Compartían escenarios con el cantor internacional latino Ricky Martin, grupos de rock y pop. El gran bailarín Daniel “Pantera” Reyes y su murga “Los Reyes del Movimiento” comenzaron en 1995 un programa radial: “La República de Momo”, dedicado íntegramente al carnaval. Al año siguiente ensayaba junto con Paulina Rey y Silvia Lescano, una coreografía sobre el “Bolero” de Maurice Ravel, combinando danza contemporánea y baile murguero.
Dos glorias de los carnavales del 50’ y 60’, Eduardo Pérez y “Guigue” Mancini, protagonizaron la película de Gustavo Marangoni: “Nariz, el murguero”, estrenada en 1994. Estas búsquedas y creaciones fusionaron a artistas de distintas escuelas y proyectaron a los artistas carnavaleros a nuevos desafíos. Así, murgueros de toda la vida, como Tato Serrano, Daniel Pantera Reyes, Rubén Gallego Espiño, Osvaldo Melli Cícero, incursionaron en el terreno teatral, la música, la danza, en realizaciones que hicieron historia.
De este modo, y en un proceso de pocos años, las prácticas expresivas del carnaval porteño lograron una excelencia, alcance y difusión inéditas. Se recrearon y musicalizaron viejos temas, aparecieron figuras y agrupaciones de los 40’ y 50’. Se divulgaron imágenes coloridas y rítmicas por TV, en cortinas musicales, en video clips, grupos murgueros. A su vez, el Gobierno de la ciudad volvía a auspiciar corsos en las calles de los barrios de la ciudad, y para 1997 sus legisladores declaraban Patrimonio Cultural de la ciudad a las agrupaciones de carnaval.
Hasta aquí llega nuestro análisis. Es enorme la lista de las producciones culturales que, desde 1985 a la fecha han transitado los caminos de unir a artistas de distintas formaciones en las tradiciones del carnaval porteño. Este proceso de renovación cultural no puede adjudicarse a un solo iluminado ni tampoco sólo a factores sociales, políticos o ideológicos. Toda épica popular reconoce gente que se aventura a nuevos caminos y algunos que van al frente.
En este sentido, como un gran estratega, Coco Romero desplegó una actividad intensa, avanzando sobre varios frentes simultáneamente: musicalizó poesía sobre el carnaval; grabó y difundió ritmos de murga porteña; colocó a las murgas en escenarios de primer orden; compartió escenarios con músicos y murgueros; convocó encuentros de percusionistas de bombo con platillo, fogatas de San Juan y quemas del año viejo en el Parque Centenario; apareció en los medios; contrató agentes de prensa y al primer fotógrafo que retrató profesionalmente los nuevos carnavales (Maximiliano Vernazza); fundó una publicación periódica. Los Talleres fueron, según mi apreciación, la actividad con mayor efecto multiplicador.
Como hombre del campo popular, Coco Romero aprovechó cada posibilidad para llevar su mensaje. Supo institucionalizar sus obsesiones, ubicando a la murga y al carnaval en un ámbito consagratorio, como el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Como compañero de ruta, siempre encontré en su enorme capacidad de trabajo, una fuente inagotable de creatividad y apoyo incondicional.
Poder recordar y analizar esta gran historia, permite ver a la distancia un trabajo personal e institucional incesante. La murga, como expresión del carnaval y la cultura popular de la ciudad de Buenos Aires, ganó espacios y aceptación impensados años antes. Y en ese presente, la acción y visión de futuro de Coco Romero y el Centro Cultural Ricardo Rojas han sido jugadores claves.

Bibliografía citada
El Corsito. Órgano de difusión del carnaval porteño. Buenos Aires, Centro Cultural Ricardo Rojas, Secretaría de Extensión de la Universidad de Buenos Aires, 1995-2010.
Martín, Alicia: Tiempo de Mascarada. La fiesta del carnaval porteño. Buenos Aires, Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, 1997.
Martín, Alicia: Folclore en el carnaval de Buenos Aires. Tesis de doctorado, Universidad de Buenos Aires, 2008, inédita.
Romero, Gualberto “Coco”: La murga porteña. Historia de un viaje colectivo. Buenos Aires, Editorial Atuel, 2006.
Alicia Martín es Doctora en Antropología y Profesora Titular Regular de la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano sobre temas de cultura popular, folclore y en especial, el carnaval de Buenos Aires.

martes, 24 de abril de 2012


A un fenómeno (Naríz)
Coco Romero





jueves, 2 de febrero de 2012

Año 1989.  Va llegando a su fin una década devastadora para las murgas. Pocas sobreviven tozudamente el vendaval. Esta valiosa contribución de Miguel Middonno da cuenta de algunas de las coordenadas que marcaban el momento, justo antes de la mítica reunión de directores de murga  en el Fondo Nacional de las Artes. Dice Miguel: "¡Cuántas sensaciones me deja la lectura de esta nota! Pienso en la evolución de todos estos años, en que hoy un encuentro de murgas prácticamente no es noticia -ni siquiera en Recoleta- porque se multiplica en montones de escenarios a lo largo del año."



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martes, 3 de enero de 2012

Entrevista a grandes glorias murgueras,

"Fasulo", "Teté" Aguirre y "Mingo" Romano

Programa del 21 de diciembre de 2011







jueves, 3 de noviembre de 2011

Una Perlita de Regalo  
Mar del Plata, 2003

Por Jorge Guillermo Tellarini
del Centro Murga "Vía Libre" de Bahía Blanca





En ese primer encuentro en Mar del plata y siendo el único despierto y desayunado, de bocha de murgueros que aún pernoctaban, veo acercarse una sombra en la penumbra del pasillo del  bar del hotel en que nos alojaba. Resultó ser Nariz que comenzó a narrarme que la noche anterior no había podido dormir, que, entonces les había golpeado la puerta a Lagoa y Rogelio contándoles lo que le rondaba en la cabeza y que terminaron escribiendo y leerían a la tarde. Prosiguiendo la charla hablando de murga del pasado y del presente, en un momento se emocionó hasta las lágrimas. 

 Yo, que siempre llevo mi grabador con un cassette virgen en boca, en esta ocasión tenía a Teté cantando con Los Desconocidos para que se escuche y no deseaba borrar, por eso no pude inmortalizar esas confesiones en una cinta. Pero sí grabe lo que escribieron y leyeron en la función de la tarde en la Rambla y  me parece una joyita. Conservo la grabación de Teté cantando con los Desconocidos de Siempre y no tengo grabada esa mañana con Naríz revelándome este secreto en ese momento tan sublime que guardaré acongojadamente en mi memoria. Pero tengo esta transcripción que es un mensaje de frutilla y crema en la torta y va de regalito para ustedes:

- Un minuto de silencio que Lagoa va a decir algo...

- Gracias muchachos. Y por el afecto . . . Esto lo hemos hecho con Nariz y con Rogelio acá en la noche de ayer en la que nos hemos podido pegar un ojo.

Mar del Plata, 28 de septiembre  de 2003.- 

Querido pueblo murguero, nosotros Eduardo Perez Nariz, Rogelio Partinieri y quien les habla José Luis Lagoa, como viejos murgueros, queremos agradecer a Mar del Plata por las atenciones recibidas en esta hermosa ciudad pero antes de marcharnos queremos expresar nuestro sentimiento acerca del fenómeno  que representa "la murga" a nivel nacional como hecho cultural, concepto  que hemos resumido en tres puntos a saber:

 Primero: hoy llamamos a las murgas "hecho cultural". Ustedes pueden tener ese título, muchachos, gracias a que, primero, referentes vivientes como Nariz Teté Aguirre, Guigue Mancini, Carlos Patrinieri, Rosedal Camero, Eduardo Marvessi, Meco, Lorenzo, Ramos, Mingo Romano, Bebe Lamas, Calusti, Pinoti, Pantera, y otros cuya nómina sería muy larga de enunciar así como aquellos que partieron y están siempre en nuestro corazón como Nito Chadrés, Ignacio, Fito Bompart, el Loco Flores, el Tano Nimo, el gallego Fermín, especialmente Ramón Ceballos y el famoso Eduardo Thiano,  más conocido como el Mono, tuvieron que cargar con el título de marginales porque ser murguero en la década del cuarenta y parte del cincuenta era no ser bien mirado por parte de la sociedad. No así de los vecinos de clase obrera de cada barrio de donde salía la murga.

Segundo punto: la murga en esos años era parte del carnaval, no como hoy que el carnaval es la murga; la colaboración de los gobernantes y  de los vecinos del barrio posibilitaban esa condición, esa concreción del carnaval. Hoy, en cambio , como dijimos , la murga es el carnaval y sólo cuenta con un apoyo estrecho de las autoridades gubernamentales,  que no es suficiente para  una actividad artística cono hoy es la murga. Peleamos por la devolución  de los lunes y martes de carnaval, de los feriados de lunes y martes de carnaval, que han sido abolidos por la dictadura militar. Por la expansión de esta actividad a nivel nacional e internacional. Fíjense ustedes, muchachos, el fenómeno que ha trascendido sus propias fronteras. Sabemos que hay material humano suficiente y capacitado para lograr esos objetivos; ustedes son la muestra cabal de que el carnaval no ha muerto; porque ustedes son la posta de nosotros que ya estamos llegando al final de la carrera de la vida.

 Tercero: Eduardo Pérez ("Nariz"), durante la noche que nos precedió nos tuvo en vigilia; esto lo juro, es en serio. Esto que no nos dejó dormir porque en su cabeza baila la palabra, la palabra "herencia". ¿Por qué? Porque con Nariz, nosotros también entendemos que herencia es todo aquello que transmitimos con la fuerza de nuestro corazón murguero pese a las modificaciones que sufrieron las murgas desde el famoso tachín tachín, hasta la incorporación de instrumentos no tradicionales y hasta escenas teatralizadas que asombraron a todos aquellos murgueros de los primeros años del siglo pasado. Ustedes son los encargados de transmitir todos los conceptos aprendidos por nuestros ancestros y nosotros  ya tenemos que dejar con mucho dolor la posta para que ustedes la retomen y la lleven al disco triunfal de esa gran palabra que resuena por siempre en los oídos del pueblo. Esa palabra es "¡Murga!", "¡Murga!", "¡Murga!"

 Muchas gracias.



miércoles, 2 de marzo de 2011

Los Nenes de Suárez y Gaboto

Aporte de Gustavo Maldarelli "El maestro"









Aquí algunos recuerdos en las palabras - nombres, hechos, lugares, momentos - llenas  de imborrable emoción de Gustavo Maldarelli y sus amigos:

"Tantos entrañables compañeros de aventura que siempre estarán en la memoria: Pocholola,  Juan Haladjian, Luis Catania, Poroto, Titina, Toti, Tony Maldarelli, Cuchillo, Cacho Parrilla, Gandulla, Miky,  Gustavo, Tony, Jose "El muerto", Rififi, El flaco, Milillo,  Magrone, Tito (Ayue), Cholo Maldarelli, Carlos Bello, "El gordo" Lozano..."

"En nuestro querido "Club Ribera" - fundado el 19 de abril de 1941 - pasamos días inolvidables. Cuando se tuvo que cerrar nos produjo una tristeza indescriptible a todos los que parábamos allí."

"El submarino había sido todo un éxito. En esa época - la década de 1950 - había uno ruso que se había perdido,  que aparecía y desaparecía en las costas del sur argentino.De ahí el nombre "Piantadino". Allí pueden verse a Tony Maldarelli, padre de Gustavo, componiendo las logradas caracterizaciones  de Napoleón y a  Micky, como Adolf Hitler. Pepe, el cuñado de Cuchillo, tuvo mucho que ver en la creación de los personajes que, previo al submarino, salían en un jeep. ¡Allí está el Almirante Rojas! Y también Titina, alto personaje y animador de los carnavales porteños, próximo ahora a cumplir ochenta años. El constructor del submarino, entre otras personas que colaboraron, fue Alfredo Mastropascua "Pocholola". Por recolectar maderas en el puerto para su construcción, estuvo detenido por la prefectura varias horas. Como siempre hecho "todo a pulmón". Y en el camión, nunca faltaba alguna parodia..."

"Cuando empezamos a trabajar para volver a la calle, Víctor Hugo Morales, realizó una emisión de  su programa "El espejo" en el Bar de Gumerzindo, donde reportearon a Miguel Angel Termine, alias "El judío", quien fue un enorme Presidente de la Agrupación en su vuelta, secundado por el resto de la barra, que la hicieron posible."






¡¡¡Muchísimas gracias, Gustavo, por tu invalorable contribución
a la construcción colectiva de la memoria
y la cultura popular!!!










Compilación y edición de Pupita La Mocuda

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hito en la historia de la cultura popular contemporánea, la creación de este emblema en la reconfiguración del campo carnavalero porteño se recrea en este valioso aporte a la memoria colectiva de Enrique Molina



sábado, 18 de diciembre de 2010





“GERTUDRIS EN CASA LAMOTA” (*)


Por Alfredo Armando Aguirre




Gertrudis tiene noventa años. Los cumplió en julio del 2009. Vive desde que nació en una buhardilla del Pasaje La Piedad, en la ciudad de Buenos Aires.



Gertudris sale a dar la vuelta manzana. Solo cruza para ir a misa a la iglesia de La Piedad. Los fines de semana va a la Plaza del Congreso.



Gertudris vive sola, es viuda y sin hijos.



En la Esquina de Paraná y Bartolomé Mitre donde estaba Casa Lamota hay una playa de estacionamiento. Solo queda, de esa época, la casa de canevás para bordados en la esquina opuesta. Gertrudis parece vivir de recuerdos. En realidad ella percibe lo que otros no. Sus primeras visiones del Carnaval son las de cuando tenía cuatro años (o sea...). Eran tiempos de familias muy prolíficas, con muchos parientes en el interior.



Casa Lamota producía disfraces típicos (Oso Carolina, Colombina, Pierrots). Hacía propaganda en las revistas (luego lo haría en radio). Enviaba "contra reembolso" al interior. (Para las nuevas generaciones esto del “contra reembolso”, necesita aclaración, se trataba de un sistema muy utilizado por la gente del interior para comprar en las grandes casas de comercio de Buenos aires. La gente se enteraba por las revistas o diarios, de una determinada mercadería. Mandaba un giro por el correo y recibía en unos pocos días la mercadería comprada Todo se mandaba por tren.



Era un tiempo donde se iba de los Reyes al Carnaval; del Carnaval a la Semana Santa; de la Semana Santa a las Fiestas Mayas, de estas a las Fiestas Julias. Antes del Día de la Primavera, el aniversario de San Martín; terminaban las clases y se comenzaba a esperar la Navidad y el Año nuevo.



Esto se “matizaba” con fiestas de casamientos, bautismos y velorios



Siendo adolescente, sus primos y primas comenzaron a encargarle a Gertrudis, que les compre y les mande los disfraces de Lamota.



Es decir, de algún modo prescindieron del “contra reembolso”.



Y eso hizo; Gertrudis hasta que Casa Lamota cerró allá por los sesenta o setenta cuando se jubiló, del banco donde trabajó toda su vida.



Una de esas mañanas al llegar a la esquina, comenzó a pensar en los envíos que había hecho y en distintos puntos del interior argentina sus pensamientos cobraron vida…



En el museo de Lobería un manequín de madera y género, soportaba un traje de Colombina. Perteneció a una prima de Gertrudis que vivía en una chacra, cerca de Tamangueyú. Al lado del manequín, se había conservado una foto de la muchacha que databa de los bailes de Carnaval de 1934.



En el viejo baúl de madera, en la tronera de una vieja casa de Teodolina, sobreviviendo a la voracidad de las polillas, se apilaba un traje de Oso Carolina, que había lucido un sobrino nieto de Gertrudis en los carnavales del año 1947.



Prolijamente guardado, como una reliquia de familia, en una casona de Río Cuarto, se conservaba casi intacto, un traje de Pierrot, que aquel primo lejano, lució en los bailes de Carnaval del Club Estudiantes allá por fines de los treinta.



Por fin, en un viejo ropero, del caserón de Carmen de Patagones, colgaba el traje de odalisca, de aquella primita que murió trágicamente una noche de carnaval, cuando volviendo del corso de Viedma, se cayo de la lancha que cruzaba el río Negro y no pudieron rescatarla.



En los pensamientos de Gertrudis, pasaban más disfraces, disfrazados y lugares, mas vaya a saber por qué por esos vericuetos de la mente humana, sus pensamientos se detuvieron en aquellos disfraces encarnados en sus portadores y situados en esos lugares mencionados.



¿Qué habrá sido “de la vida” de esos disfraces?, se interrogó Gertrudis. Y la fantasía se apoderó de su imaginación, y se le ocurrió pensar, que sería muy lindo, reunirse con ellos para bailar una ronda, en la playa de estacionamiento, que funciona en el terreno donde estaba Casa Lamota.



El personal de la playa ya estaba familiarizado con la figura de Gertrudis. Ella solía dialogar con ellos, y ellos ya conocían muchas de sus historias. Aunque en lugar de repetirse, siempre los sorprendía con una nueva. Eran muchas décadas de recuerdos y cientos de trajes despachados al interior, cada uno con su correspondiente historia.



Gertrudis, venía de la época donde la telepatía estaba de moda, así que no le fue fácil convocar a los espíritus que se habían encarnado en cada unos de los disfraces en que estaba pensando.



Un día les comentó a los encargados de la playa de estacionamiento, que había invitado a unos disfraces amigos, para bailar un ronda allí mismo. Los encargados se miraron entre sí y le devolvieron una afectuosa sonrisa.



Fue una tarde de sábado, hace pocos días. En esos días a esa hora, la playa de estacionamiento está casi vacía.  Aparentemente… Si uno mira con detenimiento, puede ver en la esquina el cartel escrito con letras cursivas en color rojo, apagado por las inclemencias del tiempo: "Casa Lamota” (“Donde se viste Carlota”, como decía el “speaker” por la radio cuando pasaba la publicidad del comercio).



Si uno se acerca más, podrá ver en las vidrieras, montado sobre maniquíes hechos de pasta, los disfraces para el carnaval del año…



Unos días antes, Gertudris les había dicho a los encargados: "Muchachos: el sábado llegan cuatro amigos disfrazados para bailar la ronda, si quieren vénganse y traigan algunos de su hijos o sobrinos…"



Y así apareció esa tarde Gertrudis. Aparentemente, venía sola... Aparentemente.



Saludó al encargado de turno y le dijo: "Aquí están mis amigos". "Claro, claro…", así como siguiéndole la corriente, le dijo el encargado. "Hola, gente, como están."



Escuchó como un coro que le respondía: "¿Viste, vos que creías que no íbamos a venir? ¿Vos te creías que le íbamos a fallar a la tía?"



Y Gertrudis, extendió sus manos y comenzó a danzar la ronda…



Los encargados aseguran que para los carnavales del 2010 se hará un corso con todos los disfraces que diseminó Gertrudis por la Argentina. Por las dudas ya han hecho contacto con la gente de la nieve artificial, los choris, los baños químicos, uno que se anime a volver a fabricar papel picado, serpentina y pomos de plomo con agua florida.



Ustedes, ya saben: estén atentos; En los próximos carnavales, allí en Paraná y Bartolomé Mitre, enfrente a la Iglesia de La Piedad, donde quedaba (¿quedaba?) Casa Lamota, habrá corsos durante el fin de semana de Carnaval (claro, ahora  se podrán hacer el lunes y martes; esto era antes del Decreto de Cristina). Les paso el dato. Después no me digan que no les avise.


Buenos aires, 22 de Setiembre de 2009


(*) Escrito por invitacion de Agustín Abregú Assuma, de la murga tipo uruguaya Tute Cabrero.