lunes, 15 de julio de 2019


Aporte de Gabriel Gómez de la murga 
Bendito Gualicho de Villa del Parque


LOS LOCOS DE PALERMO


Cuenta Luis Alberto Revuelta, quien ahora tiene cincuenta y cinco  años, que su papá, el payaso José, funda la  murga Los Locos de Palermo junto con "El loco" Flores  a fines de la década de 1960.  Se mantienen en actividad durante siete carnavales aproximadamente. Seguidamente, José sale unos años en Los Elegantes de Palermo y luego pasa a  Los Pecosos de Chacarita. Más tarde se muda a la localidad de Merlo, en el Gran Buenos Aires.  

Los Locos de Palermo dejan de salir  porque  al "Loco"  le gustan mucho "los burros" y en un salida se juega los dos micros y el camión playa. Según cuenta la historia,  son los primeros en incorporar vedettes trasvestidas. En un corso  de Villa Urquiza,  Triunvirato y las vías,  casi no salen  porque no los dejan sacarlos. Entonces la murga decide:  ¡O todos o nadie!  Y los dejan salir.



ANTIGUAS FOTOGRAFIAS DE LOS LOCOS DE PALERMO
PROPIEDAD DE LUIS ALBERTO REVUELTA






jueves, 20 de junio de 2019




GLOSA HOMENAJE A 
LOS LETRISTAS DE MURGA



Sos ingenio y sos audacia
pues Momo te dio la gracia
y vos le ponés la firma
hilvanando versos en rima
del murguero y sus andanzas.

Observás todo en la vida;
resaltás siempre el detalle;
sos poeta de la calle,
que es tu musa preferida
pues tus versos le dan vida
con sentidos homenajes.

Vos no sos como cualquiera
porque siempre estás atento;
expresás tu sentimiento
que se vuelve popular
a través de un cantar
que perdura con el tiempo.

Tenés guantes de ironía,
traje de doble sentido;
te pintás bien atrevido
y elegís el color risa
pues tu público se hipnotiza
y hasta queda conmovido.
Por eso este cumplido
dirigido a estos artistas.
Cuando disponga el bombista
unos tres golpes de bombo
este homenaje yo quiero
¡dedicar a LOS LETRISTAS!


GENTILEZA   NELO DE POR SIEMPRE MURGUEROS DE CASTELAR 

sábado, 15 de junio de 2019

VIENTOS DE MURGA
Por Alicia Ingas  (AliMocosa)



La luna se va encendiendo, 
la noche usa sus colores; 
un murguero ensaya pasos
que le baila a sus amores.
Un bombo va despertando
los duendes con su llamado
y el barrio se acerca
tímido, asombrado
y ve estallar en el aire
la magia del carnaval. 

Porque es tiempo loco de murga
que no se calla, 
que canta y lucha
porque nuestras voces al viento
van defendiendo los sentimientos,
VIENTOS DE  MURGA

Cosquillas de mariposas
van aleteando en el alma,
resplandor de lentejuelas iluminando esperanzas.
No podrán callarnos nunca
aunque nos pongan mordazas;
brillan en los trajes,
son nuestras verdades
y abrazado a la levita
EL MURGUERO ES EL CARNAVAL

domingo, 24 de marzo de 2019





Memoria travesti-trans: “El Carnaval era el único momento de libertad”

Por: Agencia Presentes 
Fotos y testimonios: Archivo de la Memoria Trans.
Textos: Paula Bistagnino


De la exclusión al centro de la escena, del encierro de las casas y cuartos de pensión a los aplausos y las plumas en la calle. Los carnavales fueron históricamente para las travestis y trans su fiesta popular. La única: esas seis noches al año, dos fines de semana de viernes a domingo, eran las únicas en las que las pelucas, el maquillaje y los tacos no las convertían en marginales ni criminales sino en las divas de los desfiles y corsos de los barrios de la provincia de Buenos Aires y la Capital.


“Esperábamos todo el año los seis días de corso en los que podíamos salir a la calle y ser nosotras en libertad: nos encontrábamos, nos divertíamos, nos poníamos todo. Era como un sueño de divas, algo que sólo se podía vivir en el Carnaval o el exilio”.



“Eran 6 días de libertad y 350 de cárcel. No exagero. Así era para nosotras. Así fue antes y después de la dictadura, incluso peor después de la dictadura. Esos días era algo mágico: porque de que nos discriminaran pasábamos a ser como las divas. Si no había travestis en un corso, era como que faltaba algo”.





“En esa época existían lo que se llamaba edictos policiales: a nosotras nos llevaban por el artículo 2° F: llevar ropas contrarias al sexo. Así que salíamos al almacén o a comprar cigarrillos y nos levantaban. No era posible ni andar en pollera media cuadra porque te llevaban, así que ¡imagiante lo que era salir con conchero y pezonero! Era una fiesta para nosotras”.



“Vivíamos como gitanas esos días en los colectivos: a veces dormíamos ahí. Ya a las 16 llegábamos para montarnos a las casas donde se organizaba y terminábamos a la madrugada”.





”Nos pasábamos mucho tiempo haciéndonos los trajes: los cosíamos nosotras. El día del corso nos reuníamos en la casa de alguna compañera siempre, a montarnos juntas. De las murgas nos mandaban a buscar en un colectivo: y por ahí íbamos a cuatro o cinco corsos distintos en una noche, como una gira. Algunos incluso nos pagaban”.



“Y en ese tiempo, los 70/80, no había más que hormonas y estaba muy de moda Moria Casán. Así que nos poníamos goma espuma para hacernos las caderas y cuatro o cinco pares de media arriba y el conchero”.





“Era como el cuento de la princesa al que se le acaba el encanto: terminaba el carnaval y tenías que salir corriendo porque ahí nomás te manoteaba la policía. Terminaba la murga y estaba la camioneta esperándonos o el camión o el colectivo para llevarnos presas”.



“Íbamos a varios lados, donde había corsos: en Tigre, en San Isidro, en San Fernando, en Béccar, en toda la zona norte. Pero había por todos lados: por toda la provincia y en los barrios de la capital. Depende de la murga en la que vos estabas o de la que te invitaban. Pero era como una cita infaltable: la fantasía de todos los días”.





“La gente nos aplaudía: nos gritaba cosas lindas y se sacaba fotos con nosotras. Éramos como las estrellas de la fiesta. Seguro que alguno se reiría o haría chistes, pero no nos importaba: nosotras lo disfrutábamos, estábamos felices… Mirá si me iba a importar, con todo lo que estaba acostumbrada a soportar”





“De chica mi mamá no me dejaba participar y me decía que no lo hiciera nunca, porque nos llevaban para reírse de nosotras. Después estuve en pareja con uno que tocaba el bombo en una murga pero era celoso y no me dejaba participar. Iba toda tapada al lado suyo… Pero cuando pude, me puse las plumas y fui”.





“Empezabas de chiquita, de adolescente ya salías: te invitaban del barrio porque te conocían. Y vos te ibas haciendo el traje todo el año. Terminaba un carnaval y ya empezabas a pensar en el traje que te ibas a hacer para el año siguiente”.



“Igual, había una parte triste y era que cuando ibas ahí te dabas cuenta de había compañeras que ya no estaban: de un verano al otro muchas se había exiliado, pero también muchas ya estaban muertas. Nunca éramos otra vez las mismas”.





“Mi grupo se llamaba ‘Las Divas’, éramos ocho y en realidad yo era la única travesti: las demás eran todas lo que llamábamos ‘maricas chicharras’, que son esos maricas muy afeminados pero que andaban más de varón”.





“Una murga tenía que tener sí o sí las chicas trans porque si no era un aburrimiento. La gente se amontonaba para vernos porque era la única oportunidad. Éramos como una atracción, porque después todo el año estábamos ocultas por esto de la represión de la policía. La gente iba a vernos y a sacarse fotos con nosotras. Y muchas nos decían cosas lindas de apoyo, porque sabían lo que nosotras pasábamos, que era entrar a un supermercado o un restaurante y que alguien te mandara a la policía para que te sacara”.





“Un poco se extraña ese clima de carnaval. Pero mejor es hoy, que siguen pasando cosas, pero no así. Ahí nunca sabías si ese carnaval era tu último carnaval”.



domingo, 3 de marzo de 2019



Glorias del Carnaval Porteño

Cacho Conde, "Mamadera". 





Cacho Conde, conocido como "Mamadera" o "El Sordo", ilustre  bombista del barrio de Saavedra es una  figura representativa y destacada de la murga porteña, hermano de Marta Conde,  quien  fuera una de las primeras mujeres murgueras en la Ciudad de Buenos Aires.  En esta antigua fotografía de Los Curdelas   se lo ve  junto a  Pachi, otro niño de la misma agrupación. 







Fotografía de Los Curdelas. A la izquierda con bombo, Cacho "Mamadera".  Al frente,  su primo, El Bocha, legendario bailarín saavedrense, también miembro de la afamada familia Conde, que supo hacer  historia en el carnaval porteño y que   inaugurara toda una tradición rítmico - expresiva  que hoy tiene plena vigencia en la murga de la Ciudad de Buenos Aires. 




Los Curdelas de Saavedra. Puede verse a Cacho Conde en esta fotografía de fines de  la década de 1960 junto a Tivo Avalos, otro gran bombista de la época. 


Además de Los Curdelas de Saavedra, Cacho Conde y su familia participaron en otras murgas de la ciudad, tales como Los Elegantes de Saavedra,  Los Mimosos de la Paternal, Los Magos de Saavedra, Los Viciosos de Villa Martelli  y varias otras más.  










Su hija, Angeles, continúa la tradición familiar hasta el día de hoy y se siente agradecida heredera  de esta pasión que heredó de su papá. Aquí la vemos junto a sus cuñadas en la murga Los Rompebolas del Kilómetro 30 
















jueves, 21 de febrero de 2019



EL INIGUALABLE"FASULO", 
REFERENTE HISTORICO 
DE LA MURGA  Y 
EL CARNAVAL PORTEÑOS











lunes, 21 de mayo de 2018



                         


La última noche de carnaval lloro 

Por Carolina Iannuzzi 


La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase de Charly: "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Cuando mi hijo era chiquito se disfrazaba de jirafa para salir en la murga.
Tenía 5 años.
Como las madres que sueñan con ver a su hijo dotor, yo soñaba con ver al mío con el traje de la murga.
Pero me tragaba mi deseo, porque desde que nació, Santino tiene a la determinación en HD y él tenía muy claro que no quería traje: "Yo quiero zalir dizfrazado de jirafa", me dijo.
No encontraba modista que prestara ese servicio. En la víspera de los Carnavales, las modistas porteñas o que habitan este suelo tienen demasiada demanda para a eso sumarle un diseño tan particular.
En esa época trabajaba como voluntaria en una cárcel de mujeres. Una de las participantes de mi taller de teatro (que en ese momento no sabía, ni yo tampoco, que íbamos a ser amigas primer cordón) me dijo cómo hacerlo: "Un enterito amarillo sin mangas con pedacitos de tela marrón; corto, tipo short, porque en febrero hace calor; y una capucha que se pueda poner y sacar con velcro abajo de la mandíbula".
Con indicaciones así de claras una modista decidió hacerlo.
El público amaba a la jirafita que bailaba haciendo una especie de salpiqué por los corsos porteños y bonaerenses.
Yo bailaba cerca suyo con mi traje rojo, naranja y amarillo y veía las secuencias de refilón: detrás de las vallas de cada barrio que visitábamos siempre había alguna mujer que le señalaba a otra con cara de estar presenciando un nacimiento, a la jirafita.
Duró pocos Carnavales ese disfraz porque los chicos crecen mucho de un año para otro.
Santino decidió que el Carnaval siguiente quería ser un mono y al siguiente un canguro.
Cuando todavía era jirafa, una última noche de Carnaval estábamos por empezar el desfile de entrada. No me acuerdo en qué barrio, sé que era en provincia.
Terminábamos esa función y al día siguiente empezaban las clases.
Santino lloró.
Estábamos formadas en una calle muy oscura y Santino lloró porque no quería que termine el Carnaval.
Una masa de murgueras entre el dolor y la ternura me ayudaron a consolarlo porque yo sola no podía, yo también quería llorar.
Las murgueras lo persuadieron diciéndole que lo mejor era que entonces disfrute a esa función como a ninguna, que lo dé todo, que el público ama a la jirafita.
Creí, una vez más, que lo ideal es no criar a los hijos sola. Pero no sola de un padre, o padrastro o ninguno de esos roles. Sola de manada. Creo que a los hijos hay que criarlos en manada.
3 saltos, empezó la función.
Poca gente, no importó.
Yo aproveché para sacarme el llanto atragantado mientras bailaba.
El maquillaje murguero es bastante sólido en general... No suele pasar eso de que las lágrimas corren el rimmel.
El calor dilata y se camufla lo rojo del llanto.
El canto disimula los gestos de congoja.

La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Antes de ejercer como murguera también lloraba. Creía (cuando era chica) que era por el final de las vacaciones, pero después, mucho después, me di cuenta de que era porque terminaba el Carnaval.
Porque ningún día del año estaba más lejos del Carnaval que ese día.
Hoy fui a ver a una murga amiga al corso de mi barrio.
Como espectadora puedo disimular el llanto diciéndo que me tiraron espuma.
La murga amiga siguió tocando después de terminar el espectáculo. Habrán sido unos 15 minutos más.
Me acordé de ese garroneo, un pasito más... Una patadita más, Momo, no te me vayas, que no termine ya...
Es lo más parecido que conocí a estar enamorada.
Vestirte al pedo, la tentativa de despedirte con un beso que se convierte en otro polvo. Un pucho y arranco. Dale que ya llego tarde.
Un pasito más, 3 saltos más. No guarden los bombos en el micro. Bueno, sí, pero sigamos un ratito más en la plaza. Si los vecinos se quejan igual ya no hay más corsos.

La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Hay una glosa leyenda que tiene razón:
"Murga querida, vos me curás las heridas,
y yo te tengo presente, porque sos y serás siempre, 
EL METEJÓN DE MI VIDA!"

¡Hasta el próximo Carnaval! 🎉🎭🎶





miércoles, 7 de marzo de 2018

Futsal, bombo y Carnaval

Por Diego Santonovich para AFA


Dos campeones sudamericanos con la Selección Sub 20 actuán en la murga Enviciados por Saavedra. Suenan los platillos con Moyano y Martínez Riveras.





Carnaval toda la vida… El calendario corre y ya pasaron dos meses desde que la Selección Argentina de futsal obtuviera, por primera vez, el Sudamericano de la categoría, en Uruguay. Y la alegría persiste. Y entre las demostraciones por parte de los integrantes del plantel, que abundaron durante el fin de semana, se destacan dos, a tono con los días actuales, justamente en época de corsos y murgas habitando las calles de Buenos Aires y el país entero: Franco Martínez Riveras y Tomás Moyano, campeones sudamericanos, celebran la fiesta popular por excelencia vistiendo los colores de la murga Enviciados por Saavedra. “Todavía no caemos: lo que conseguimos en Uruguay fue tremendo y a veces nos cuesta creerlo. Ahora nos toca vivir el Carnaval, una pasión de toda la vida”, coinciden, felices, embanderados en rojo, verde y amarillo.

Con 20 años, Martínez Riveras marca el ritmo fuera de la cancha: bombo con platillo sobre el lomo, guía a los murgueros con el pulso así como empujó los ataques albicelestes o barrió los embates rivales en Canelones. “Salir en una murga es impresionante. La unión que se genera, los momentos previos a las presentaciones, la adrenalina de tocar durante todo un desfile, son cosas impagables. La fiesta del Carnaval es lo más lindo que hay”, empapa la charla de colores y brillantina. Junto a él, como en la foto antes de un corso, Moyano se prodiga tirando pasos, como sobre el parquet montevideano que regó de gloria, pero sobre el gastado asfalto porteño. “Bailo desde los cuatro años y no hay nada como esta fiesta. Es impresionante la alegría que genera la murga, sólo la puedo comparar en mi vida con jugar futsal. Y justo nos coincide Carnaval con otro mes que pasa desde que ganamos el Sudamericano, así que alegría no nos falta”, asume Moyano (19) entre actuación y actuación de Enviciados por Saavedra.

Juntos durante mucho tiempo en Kimberley, también compartieron horas de trabajo (y éxito) en la Selección Sub 20 de futsal. Hoy, Moyano es jugador de Jorge Newbery (a préstamo por un año) pero la amistad se mantiene fuera del parquet, al ritmo del bombo con platillo hecho música en las manos de Franco Martínez Riveras y trasladado al asfalto en los pasos del otro campeón. Ritmo con la pelota y también con los flecos...



domingo, 4 de marzo de 2018


LOS GOYENECHES DE SAAVEDRA 

jueves, 22 de febrero de 2018

El Carnaval tuvo el pogo murguero más grande del mundo




La resistencia y la alegría se dieron cita en el corso de la murga Cachengue y Sudor, donde cientos de personas rockearon la fiesta de Dios Momo. Además de celebrar el carnaval se mencionó a algunos barrios y murgas a las que se les negaron los permisos para realizar corsos. También las mujeres se convocaron para organizar una columna murguera para el próximo 8 de marzo. Reviví aquí las dos noches mágicas en el Corso de la Arpillera. 



Si será grande el Carnaval, qué lo parió… Justo celebrándolo dimos, por fin, con una imagen que dice más que mil palabras. Aún hoy el Carnaval, la fiesta popular más grande del planeta, tiene que lidiar en la Argentina con detractores que denostan este festejo por “los ruidos, los cortes de calle y bla bla bla”, pero que al mismo tiempo se muestran felices cuando una fashion feria de comidas corta avenidas principales. Sin embargo, pese a la problemática del desprecio, el corso de Cachengue y Sudor, en la Plaza 24 de septiembre (a metros del monumento al Cid Campeador de Gaona y San Martín), le regaló a la vida una fiesta mágica, cálida, independiente y autogestiva, en la que la resistencia, la lucha y la igualdad de género convocaron a cientos de personas para vivir el momento en cuestión, el de la foto que pone la piel de gallina: se va la murga invitando a los presentes a bailar bajo su bandera, un “trapo” tricolor de unos cuatro metros por siete, bajo el que siempre bailan murgueras y amigos, contenidos, felices, abrazadas. Pero esta vez pasa algo que rompe todos los moldes. Esta vez esa bandera parece un pañuelo. Esta vez, seguramente con el empuje y la rebeldía que despierta el momento sociopolítico que atraviesa el país, la Murga de Arpillera de multiplica por cientos. Esta vez los adoquines de la calle Rojas son invadidos por saltos que hablan de unidad. Esta vez, el pogo murguero más grande del mundo conmueve hasta los huesos. Esta vez, la bandera roja, verde y amarilla de Cachengue y Sudor es el lazo que une y al que no le gusta, se jode, se jode… La “Arpillera”, agrupación de 22 años de vida, lo recita sin vueltas: “Que vuelen mil piedras al zoológico de la indiferencia para que de una vez entienda que acá, ACÁ, ¡está la resistencia!”.


No es sencillo el marco, pero ahí está Dios Momo haciendo de las suyas. Mientras el mundo entero celebra y disfruta el Carnaval, en Buenos Aires se lo resiste, se lo reprime, se lo persigue e incluso reluce la máscara en la que se transformaron los corsos del circuito oficial porteño, organizado por el Gobierno de la Ciudad, que los esconde cada vez más y que sueña con encorsetarlo en un Corsódromo o un absurdo por el estilo. O por el Municipio de La Matanza, que invita en todos sus barrios a concurrir al “Corso de la alegría” en González Catán pero, a la vez, intenta suspender el corso organizado por la murga Furia de Carnaval en el Barrio Alas de Ciudad Evita. “Nos sentimos violentados en nuestro derecho a la expresión de forma festiva. Somos un grupo de personas que venimos trabajando en el barrio y en La Matanza desde hace 10 años y nunca tuvimos un conflicto llevando nuestras actividades adelante”, explicaron los integrantes de la murga, sumando a los vecinos, invitándolos “a defender esto juntos”. Asimismo, la Murga Los Galanes también fue víctima de prohibición por parte del Municipio de Morón, pero ante el clamor popular y el apoyo de murgas de todos los distritos, la medida de prohibición terminó siendo levantada. Peor suerte corrió la agrupación Colgados de la Rama, de Chivilcoy: tuvo que suspender su corso pautado para los días 17 y 18 de febrero, debido a una ordenanza municipal de último momento. Así lo explicaron a través de sus redes sociales: “Nos informaron de una nueva disposición legal (vinculada a la venta de alcohol en la zona de los corsos) horas antes de la realización de dos corsos populares barriales que están autorizados por el Municipio desde el mes de diciembre. Creemos que esta nueva disposición genera más conflictos entre la sociedad y sobre todo lleva la bandera de la prohibición implícita de los corsos populares, ya que la circular señala que sobre todo esta disposición se aplica “en corsos y comparsas”. No hay sitio en que no se vea afectado si se aplica esta medida de forma generalizada, por lo que como agrupación carnavalera con 18 años de vida, NO realizaremos corsos donde podamos perjudicar a los comerciantes”. Este acoso genera, justamente, que las murgas se unan más que nunca. Porque si tocan a una, tocan a todas.


Es así que el corso de la Triple Frontera, donde La Paternal, Caballito y Villa Crespo confluyen para darle un escenario a Cachengue y Sudor, los Guardianes de la Esperanza, aglutina pasiones y luchas, sobre en todo en contra de Pato y Gato, que gobiernan desde el escenario... Es por eso que esa bandera se vio desbordada y amada, con fuerte presencia femenina, en otra demostración de que la murga no sólo se encarga de hacer reír, sino que también genera compromiso solidaridad. Las murgueras de la Arpillera visibilizan en cada paso de murga al Movimiento de Murgueras Independientes de Buenos Aires, que comenzó a asomar la cabeza después del paro internacional de mujeres del 8 de marzo de 2017. Allí se reunieron, se reconocieron y empezaron a gestar este espacio que tiene como fin empezar a hablar de que las murgas están atravesadas por el contexto social, con muchas situaciones de violencia machista, física o psicológica. El último Encuentro de mujeres, en Chaco, ya las tuvo como frente de murgueras organizadas. Y el mensaje es claro, sostenido junto a los compañeros de las agrupaciones: “Este Carnaval, si vives una agresión machista buscá a una persona con pañuelo verde. Si tocan a unas, luchamos todas”. Juntas las queremos. Y el 8 de marzo, otra vez sus bombos le darán ritmo a una nueva marcha en el paro internacional de mujeres.



La calidez y la alegría hacen del corso de Cachengue y Sudor un aquelarre que sabe que un “ejército de murgas nos saca de la tumba”. Y allí estuvieron Puerto Piojos, La Cumparsa, Fantasmas de Malaver, Aturdidos por el Bombo, Poseídos por Momo, Saliendo del Fondo, la Orquesta Callejera Bailable, Las Orillas, Flores del Desierto, Los Gastasuelas, Mal Bicho, Ta’ Que Explota y Piantaos por la Alegría. Bien rodeadas, entonces, los murgueros invitan a sumar, a bailar a tu manera con la Murga de Arpillera. Y las cientas de personas multiplicadas, murgueras o no, se suman, se sumergen en esa bandera que es amor y murga, y hacen estallar los adoquines. Es Dios Momo que nos despabila, que nos invita a alborotar el avispero como él hizo en el paraíso. Si te perdiste la conmovedora y concientizadora fiesta carnavalera de Cachengue y Sudor, ya reservate una fecha: para el 17 de marzo se viene el ya clásico Festival de la Resistencia, a través del cual la murga se planta para recordar y repudiar el Golpe de Estado de 1976, mantener viva la memoria y gritar bien fuerte que son “los Guardianes de las esperanza que crece y avanza, del sueño subversivo y libertario, del amor, la utopía, que no han podido asesinar en más de 500 años de historia genocida”.




viernes, 16 de febrero de 2018


"Mocosos y Chiflados" 


Primera emisión de “Apuntes sobre la cultura popular”,  ciclo de televisión auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.  

Eduardo Mignogna presenta su docudrama señero en el año 1986 explorando el mundo de la murga a través de la búsqueda en la identidad de dos agrupaciones emblemáticas, Los Mocosos de Liniers y Los Chiflados de Liniers.  





"SER MURGUERO" 
La identidad de las murgas en Rosario


Mediometraje documental realizado para la materia Socioantropología
del primer año del Postítulo en Periodismo de la Universidad Nacional de Rosario