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domingo, 20 de marzo de 2011


EL ULTIMO ESCALON
(Emiliano y El Zurdo)


Por Carlos Augusto Altamirano Kieffer






Dedicada A Carlos Ledesma (El Viejo), un gran AMIGO, un gran MURGUERO y un gran TANGUERO. Viejo, siempre te recordaremos con alegría, tu sonrisa, pero, por sobre todo, ¡¡tus enseñanazas!! ¡Gracias por todo, viejo! Vivirás por siempre en nuestros corazones. Esta canción es para vos.


Viejo, melodía de boliche
Que en febrero sos afiche
Cuando se termina el corso, ¿dónde vas
Pasado pisado en una copa?
Te pico mal la pelota
Y quedaste mal parado una vez más.

Viejo, vos trillaste los caminos
Y ninguno con destino.
Abusando de la eterna juventud;
Vida de garufa y trasnochada
Te encontró la madrugada
Sin tener con quien brindar a tu salud.

Llevas en el alma la alegría de un bufón,
Que payaso que heredó su magia,
Magia que hoy se esconde en el último escalón
De una vida llena de nostalgia.

Corazón de murguista, tengo la voz,
Voz que nace en una canción
De una murga lejana.

La razón hoy divide esta realidad
Y es el frió de la verdad
Que congelo mi alma.

Viejo, vos trillaste los caminos
Y ninguno con destino.
Abusando de la eterna juventud;
Vida de garufa y trasnochada
Te encontró la madrugada
Sin tener con quien brindar a tu salud.

Llevas en el alma la alegría de un bufón.
Qué payaso que heredo su magia,
Magia que hoy se esconde en el último escalón
De una vida llena de nostalgia.

Y aquí estoy embriagándome en el alcohol
De esa fuente divina que me ha dado la vida.

De farra y emoción;
Ya me voy, apagando mi voz
Y te queda el recuerdo de este viejo murguero
Que ha dejado el corazón.


Cuenta Carlos Augusto: "Carlos Ledesma, "El Viejo", era de la Murga Caidos del Puente de Rosario. Fue el primer murguero que conocí. El tenía sesenta y cinco años pero muchisima energía. ¡Se notaba que llevaba la murga en el alma! Yo aprendí muchísimo de él, creo que también fue uno de los primeros murgueros que hubo acá en Rosario"





Imágenes de la realización del mural de homenaje a Carlos Ledesma y Jesi en el mes de noviembre del año 2010. La murga Caídos del Puente ensaya justo en frente del Monumento a la Bandera en la Ciudad de Rosario.

Murga Caídos del Puente
Levitas rosarinas y palabras populares


Nacieron hace ocho años en el Parque Alem. Y son desde entonces uno de los principales protagonistas del creciente fenómeno murguero en Rosario.

Desde su nacimiento, hace ocho años, viene mezclando canciones de denuncia y malabares, con banderas y baile. Y así, Caídos del Puente se fue convirtiendo en una de las murgas más reconocidas de Rosario. Con ese estilo que retoma las mejores tradiciones del carnaval uruguayo, donde bombo y levita tienen un papel tan importante como la escena teatral y la ironía, fueron recorriendo plazas y calles de la ciudad. Y su rosarinidad aparece, por ejemplo, apenas uno pregunta por la elección de los colores para sus vestimentas. "Los que fundaron el grupo eran casi todos de Central. Y entonces quisieron que la ropa fuera azul y amarilla. Aunque finalmente, por respeto a los pocos integrantes que eran de Newell´s, se reemplazó el azul por el violeta. Igual, la ropa quedó media canallona", se ríen hoy recordando los primeros tiempos. Los Caídos son un verdadero clásico de la amplia movida murguera de la ciudad, por lo que desde enREDando nos debíamos esta nota, para empezar a saldar una deuda con la cultura popular de Rosario.

Los orígenes

Caídos nace durante el carnaval del ´98. En febrero de ese año dos integrantes de la murga Malayunta, de Buenos Aires, llegaron a Rosario para coordinar un taller organizado por la secretaría de cultura de la municipalidad, en el centro cultural del Parque Alem. "Ellos venían repitiendo experiencias parecidas por todo el país" explica Natalia, una de las actuales integrantes de Caídos del Puente". Y en cada lugar al que iban, invitaban a que quedara conformada una murga nueva. En este caso, la invitación prendió enseguida. Y nacieron los Caídos, con unas cien personas".

Ella, que se incorporó en 2000, no era parte de la murga en esos primeros días. Tampoco estaban entonces Lorena y Carolina, las otras dos entrevistadas. Y sin embargo, recuerdan las anécdotas sobre la elección del nombre del grupo. "Aunque suene a algo más metafórico, Caídos del Puente surgió porque la mayoría de los que llegaba a cada ensayo iba bajando por el puente del Parque Alem", se ríe Carolina. Y enseguida cuentan que aquella centena de fundadores hizo una votación con varios de nombres posibles, hasta que fueron quedando dos finalistas. Y la mención del puente bajo el cual ensayaban le terminó ganando a uno más político, también más obvio, como Desobediencia Debida.

Natalia vuelve a tomar la palabra para recordar que lo que conocía del estilo murguero antes de sumarse a Caídos era lo poco que había visto del carnaval uruguayo. Estilo charrúa con el que se fue identificando desde el vamos esta historia que ya lleva ocho años. "Es que aquellos dos talleristas traían un concepto de murga que le daba prioridad al canto y a la denuncia. Y eso nos marcó a fuego. Por ahí, somos algo diferentes a la mayoría de las murgas locales, que están más cercanas a la tradición brasilera, que es a su vez la historia de los carnavales entrerrianos o correntinos, con las comparsas, donde las carrozas, el baile y la destreza ocupan lugares más importantes".

"Además –agrega su hermana melliza Lorena, que también es parte de Caídos– como muchos de los fundadores de la murga venían del teatro, fueron incorporando en las actuaciones esa estética del couplé, con escenas y diálogo con el público, que también es típica del carnaval de Montevideo".

La relación con el poder

Aquel primer taller estuvo organizado por la secretaría de cultura de la municipalidad. Lo que implicó que en los primeros tiempos la murga funcionara cerca de ese "paragüas" oficial. Definido incluso por el lugar de ensayo, como el centro cultural municipal en el Parque Alem. Pero más tarde, la murga empezó a reunirse en otros lugares como el Parque España. Y esa no era sólo una mudanza de escenarios para el ensayo, sino que la murga se alejó del proyecto municipal.

Aunque han participado de numerosos festivales convocados por organismos oficiales, fueron definiendo cada uno de sus pasos con completa autonomía. Lo que no implica, claro, tomar distancia de las cosas que pasan en esta ciudad o en el país.

"Nosotros tenemos una inclinación –señala Natalia– que es llevar un mensaje de crítica, de denuncia, de poder decir lo que no sale en los medios de comunicación, o de recuperar la verdadera historia". Y Lorena, su hermana, agrega: "Pero eso no significa hacer política partidaria. Personalmente, cada uno puede tener participación donde quiera, pero como colectivo, lo que hacemos es generar un encuentro desde el humor, el baile, y que ese momento de alegría sirva a la vez como elemento de construcción de algo nuevo. Ah, y por suerte ningún partido nos invitó nunca a hacerle la campaña, porque la murga está para otra cosa".

Y en ese camino de construir algo nuevo, en estos ocho años de historia los Caídos fueron actuando en casi todas las plazas de la ciudad. Y así estuvieron presentes cada 24 de marzo, repudiando con fuerza a la última dictadura militar, o acompañando por ejemplo escraches y reclamos de laburantes. Diciembre de 2001 fue, el momento en que la murga fue más requerida. "Actuábamos casi todos los días, en un montón de localidades. Había cacerolazos, actos en fábricas, en los barrios", coinciden hoy. Y Lorena dice que en aquello días agitados hubo una actuación en Venado Tuerto que es de las que más recuerdan los Caídos. "Fue unos días después de la renuncia de De la Rúa. Me acuerdo que íbamos en el colectivo armando las canciones y teníamos que cambiar a cada rato el nombre del presidente. Después, cuando actuamos, la fuerza de la gente nos contagió mucho".

Hoy, la murga no es tan requerida. Se siguen juntando para ensayar en el parque España, y actúan cada tanto. "Pero hay como una calma chicha –agrega Natalia– con la que no estamos conformes. Creo que es una sensación de nuestra sociedad. Como que se mejoró un poco, y por eso casi nos olvidamos que sigue habiendo hambre, pobreza, corrupción o impunidad. Nosotros por tradición murguera, y porque los Caídos tenemos también ese camino, tenemos que seguir cantando las cosas que pasan y decir que estemos alertas, que nos mantengamos despiertos mirando las cosas que pasan". Cuentan también que para su próximo repertorio, además de denunciar y criticar, quieren celebrar los cambios que vive Latinoamérica. Natalia y Lorena, por ejemplo, acaban de llegar de Bolivia donde estuvieron en la asunción de Evo Morales como presidente. "Y eso fue muy fuerte –dicen–. Tenemos que contar en nuestras canciones las cosas que están pasando allá".

La hora de los números

De aquellos primeros cien integrantes, los Caídos fueron subiendo y bajando en cantidad según las coyunturas. Carolina explica: "Una murga no necesita, como un equipo de fútbol, una cantidad fija de personas para funcionar. Lo ideal es que sean muchos. Pero nosotros llegamos a ser siete, y funcionamos igual. Hoy seremos unos veinte, en un grupo que puede también ser heterogéneo, porque cada cual va teniendo su lugar. Hay para todas las edades, alturas, destrezas. Podés cantar, o bailar, o hacer percusión con alguno de los instrumentos, o jugar con malabares, o hacer de todo un poco como la mayoría de nosotros. Por eso solemos decir que nosotros cuando actuamos somos un caos ordenado".

Cuando les toca hablar de los gastos de la murga "ítem que suele ser talón de aquiles en los grupos no gubernamentales que deciden organizarse" ninguna de las entrevistadas hace un drama. Los recursos necesarios para el funcionamiento básico, dicen, no son muchos. Se trata de mantener en buen estado los trajes y los instrumentos, pagar la pintura de los maquillajes o el transporte para cada actuación.

Para llegar a estos recursos, Caídos suele hacer actuaciones en cumpleaños o fiestas. "Aunque" aclara Natalia, "esta decisión de hacer actuaciones pagas no poner a la murga a disposición del mejor postor. Vamos viendo y decidiendo dónde y por qué queremos actuar, cada vez. Recuerdo una ocasión en que nos habían contratado para un casamiento. Y cuando nos enteramos que la chica que se casaba era la hija de un torturador, decidimos por unanimidad no presentarnos".

Todos hacen otras cosas durante la semana y se la rebuscan para ensayar en sus tiempos libres, los fines de semana. Por lo general, están vinculados en su trabajo a la actividad artística o social, pero no son profesionales de la murga. Sin embargo, varios tienen vigente ese sueño de trabajar de murgueros. "Tampoco es que uno no quiera vivir de esto. Las ganas están, pero no son fáciles de concretar. Yo, por ejemplo, en 2004 pude mancarme todo el años dando talleres de murga", relala Natalia. Y su melliza Lorena cuenta que los Caídos tienen presentados además proyectos ante diversos organismos, entre otros al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. "Lo que nos enfrentó a discusiones nuevas, e interesantes a la vez. Sobre el destino de los fondos, sobre el sentido de la murga".

Carnavales

Desde sus orígenes hace cientos de años, los carnavales fueron celebrados por los pueblos antes que por sus gobiernos. Históricamente, la cultura popular iba elaborando formas de burlarse de sus reyes. Más cerca en el tiempo, los esclavos uruguayos se ponían a escondidas por la noche los elegantísimos fracs que vestían sus patrones para tocar los tambores y bailar. Eran ejercicios de la resistencia, y por eso cuando se ponían esa ropa oligarca, la usaban al revés y la decoraban con algún color. De allí que hoy las murgas usen las levitas, esos fracs de raso llenos de lentejuelas.

Montevideo y Buenos Aires, cada una a su manera, fueron preservando aquellos gestos. Y en esas capitales se siguió celebrando el carnaval. Como en las provincias de Corrientes o Entre Ríos, donde cada comparsa pelea fuerte por ganar cada año. Y familias enteras trabajan durante todo el año para preparar las carrozas y los trajes de estos auténticos festejos paganos.

Ya en tiempos modernos, claro, los gobiernos y las empresas locales participan de la organización de los carnavales en cada uno de esos lugares. En Brasil, por ejemplo, la intendencia de Río de Janeiro se tomó tan en serio la organización del evento que este último año financió incluso la distribución gratuita de un millón de preservativos, para garantizar que el desenfado no tenga demasiados costos.

En Rosario también existe una invitación oficial a celebrar el carnaval. Desde hace unos cinco años, la municipalidad decide organizar el festejo en cada febrero intentando. Intentando instaurar una tradición que aquí tuvo vaivenes a través de la historia (ver nota de Orlando Verna en el diario La Capital). La rosarinidad, si existe, tendría que ver con una mezcla de razas y costumbres de los inmigrantes y criollos que fueron llegando a estas tierras para laburar. Un poco tanos, gallegos rusos, chaqueños o polacos, pero lo cierto es que los rosarinos no tenemos una historia muy carnavalera.

Lo cierto es que en la última década se fueron popularizando las comparsas y las murgas en muchos barrios de la ciudad. La municipalidad intenta entonces juntar todo en estos nuevos carnavales. De a poco, la fiesta se va metiendo en las costumbres de la gente, y va convocando más público cada año. Aunque a veces la combinación no resultó del todo exitosa. Lorena, de los Caídos del Puente, admite: "Nosotros el año pasado, por ejemplo, decimos no participar. Porque en 2004 nos habíamos sentido discriminados. Se nos había invitado, pero en realidad se nos destinaba un lugar y una forma que no era la murguera. Puede sonar soberbio dicho así pero es que una murga no desfila ni actúa como una comparsa. Se necesita un escenario, un tiempo determinado para la actuación, que el público pueda escucharnos. Como esas condiciones no estaban garantizadas, los Caídos y muchas otras nos bajamos del carnaval oficial".

Como forma de remedar los errores, la secretaría de cultura organizó a mediados del año pasado un encuentro de murgas en el Galpón 17, cerca del Monumento a la Bandera. Para Caídos, sin embargo, no se terminaron de solucionar los inconvenientes. "Eso no fue un carnaval –revela Natalia–. Se hizo en el invierno, estábamos todos metidos en un galpón. Y por el lugar y la forma de promoción que tuvo terminamos actuando los murgueros para nosotros mismos, sólo ante nuestros colegas".

Por eso para los carnavales de este año, que empiezan en pocos días, la municipalidad promete haber tomado los recaudos necesarios para que la historia no se repita. "Esperemos que se cumpla, pero el proceso previo ya fue distinto. Esta vez pudimos acordar entre todos cómo va a estar organizado el evento. Además, años anteriores actuamos ad honorem. Y este año, todos vamos a cobrar por nuestra actuación. Es decir, que haya un presupuesto parece significar que se ha pensado una política específica. Lo cual implica un cambio, un reconocimiento al recorrido de las murgas", reflexiona Carolina sobre el final.


Compilación y edición de Pupita La Mocuda




miércoles, 20 de octubre de 2010




SE REPRODUCE POR GENTILEZA


El desaparecido Tito Conti, dueño del Bar La Academia (luego denominado “Bar de Conti”) nos relató una vez acerca de los viejos carnavales, donde aparecían comparsas coloridas y con apelativos curiosos.
En medio de la nostalgia por esos años (tal vez de sus años jóvenes) don Conti relataba el caso de una comparsa, denominada Los Negros Escoberos, al parecer – según sus dichos- formada por gente de mal vivir.
Eran gente blanca, que con los rostros pintados de negro, simulaban africanos, con vestidos de colores y portando cada uno una escoba como signo o emblema. En una entrevista con el antropólogo Nino Volpe, don Conti decía:
“...los negros escoberos partieron de la esquina de Iriondo y Vélez Sarsfield, los famosos negros escoberos de los carnavales, que en las escobas tenían un cuchillito, algo, por si había algún lío, esos eran los famosos negros escoberos…”
Tito Conti abundaba, ya en nuestra entrevista, que estos singulares participantes de los corsos eran bastante peligrosos, ya que en las escobas, bien oculta, estaría un cuchillo u hoja filosa, que los tornaba, al menos, “riesgosos de tratar”.
La esquina de Vélez Sársfield e Iriondo es, en la memoria barrial, la más antigua del barrio, y se identidfica con el origen.
Curiosamente, el también fallecido Luis Doufour y el historiador del barrio, Salvador Terrazzino, aseveran la misma cosa: la existencia de un grupo de personas, “cuchilleros” que formaron una comparsa denominada Los Negros Escoberos, que portaban el cuchillo, entre las pajas de su emblema, la escoba.
Leamos a don Terra, en su libro ¿Remember, Refinería?: "En épocas de carnavales, aquellas de los famosos corsos de barrio, en la cortada Arenales se formaba una murga, la de los “Negros Escoberos”. El director dirigía la batuta y cada cual respondía haciendo su parte, todos disfrazados y pintada la cara con carbón, uno con ropas de mujer portaba una escoba que tenía la particularidad de llevar un cuchillo disimulado y oculto en la punta, que usaba sin hesitar en casos de agresión por murgas rivales…”
El autor enfrenta las murgas de escoberos de Refinería con las de Tablada, ambos barrios conocidos como “Barrios de la Puñalada”. Estas peleas según el historiador eran por “defender el territorio” y “por el gusto de pelear”. Arenales es el "Refinería Profundo", el sector donde estaba lo más pobre del barrio, pero también era parte de los orígenes de Refinería. paradójicamente, el libro de Terrazzino abunda mucho más en Avenida Alberdi que en esos lugares antiguos.
No era de extrañar que las historias barriales más antiguas surgieran de los lugares mas viejos, incluso las más raras, sabrosas o particulares.
Sin embargo, la ocurrencia de disfrazarse de negros para carnaval no era original.
En Buenos Aires era famosa la Sociedad Los Negros, allá por 1880, que festejaba los carnavales. Todos eran blancos pintados al carbón, pero se fotografiaban a "cara limpia". También eran conocidos por 1910 los Negros del Cake Walk, de inspiración jazzistica, a la Al Jolson, gente blanca con rostros ennegrecidos y levitas rayadas.
En 1900, según sabemos por Rafael Ielpi en su libro “Vida Cotidiana. Rosario (1900-1930)", nuestra ciudad tenía dos grupos de este tipo: La Sociedad Los Negros Africanos, y Los Pobres Negros Africanos, que bailaban en “troupes”, formaciones luego llamadas murgas.
En Santa Fe, las comparsas más famosas eran Los Negros, de 1883, formada por obreros (blancos). Se recuerda al mulato Demetrio Acosta, apodado El Negro Arigós (apellido de su familia adoptiva), que formaba parte de una comparsa de 1901 llamada Sociedad Coral Carnavalesca Negros Santafesinos. Arigós- un negro de verdad, era el bastonero, y usaba una escoba muy adornada con flores y cintas. Arigós, ya mayor, participaba sentado en una silla, pero su líderazgo continuó hasta su muerte en 1951 a los 73 años, lamentablemente 16 días antes que su murga cumpliera 50 años, meta que era su esperanza.
Recordemos que los negros sobrevivieron en Santa Fe hasta hace relativamente pocos años. Rosario posee otro tipo de conformación histórico-demográfica, que hicieron siempre a ese grupo social menos influyente en las tradiciones.
Es indudable la coincidencia entre los tres entrevistados (Conti, Terrazzino y Doufour), pero dejaremos por ahora de lado la existencia real de estos personajes, los cuales bien pudieron tener nombre y apellido, pero también formar parte de un folklore muy particular.
Veamos el origen de estas curiosas murgas, que lo tienen bastante definido.
Los negros, tanto en Argentina como en Uruguay, provenían de diferentes etnias de Africa, y desarrollaron, a lo largo de los siglos XVII y XIX, una cultura amalgamada a la española, donde vivían su tragedia de hombres cautivos de por vida.
Entre las costumbres de los africanos estaban sus rituales sociales y religiosos, uno de los cuales se volvió famoso: el candombe o candomblé.
Oscar Montaño, en la revista Oralidad Nº16, publicada por la UNESCO (2009), habla del candombe como la danza y la expresión musical-religiosa más importante de los negros en estas tierras.
Esta palabra provendría de la palabra ka (Las) y Ndomble (naciones de Angola).
Consistían sus ritos en bailes coreados, con un director de la ceremonia y varios personajes característicos, propios de estas ceremonias sociales y al mismo tiempo, religiosas. Cada nación poseía sus ritos, su rey y sus guerreros, su santo principal era, generalmente, San Baltasar, el rey mago negro (imagen a la derecha).
Los candombes, ya como danzas negras y en este esquema social, se practicaban por naciones, o sea por tribus. Las danzas eran mixtas, y no por pareja, y cada danzarín tenía una parte rigurosamente establecida en el baile, que era también un ritual.
Cada tribu “competía” en el baile, a fin de destacarse, ya que no podían establecer una guerra por el predominio local, en un país donde estaban cautivos. Al integrarse a la sociedad colonial, ofrecían estos bailes a las autoridades coloniales como un homenaje, y ese es el origen del baile pautado, desfilando, que luego copió la murga del siglo XX.
En esos bailes, los personajes típicos eran La Mamá Grande, o personaje maternal, sabio y bondadoso, siempre vestida de blanco y Reina de la Comparsa; el Portabandera, que identificaba al grupo; el Gramillero o brujo, de galera, con sus hechizos y misterio; y finalmente el famoso Escobero. Éste era un personaje director, con su vestimenta particular.
Con el torso desnudo, vestía un pantalón corto generalmente rojo o verde, sandalias atadas con cintas, y un mandil o delantal de cuero con espejitos que brillaban al bailar. Su escoba estaba decorada con tela, espejos, cuentas, cintas o flores.
Era el que conducía la murga, el bastonero y a la vez el líder. Su canto era rítmico y regulado, acorde a los tamboriles, y formando un pie musical o estribillo:
- ¡Calungan-gue, calungangué!
Y el resto de la murga respondía varias veces, acompañando los tambores:
- ¡Oye-yé- yumbambué! ¡Oye-yé- yumbambué! ¡Oye-yé- yumbambué!
Al competir con otras Naciones por la espectacularidad en los desfiles, se hacían los llamados candombes a la buena, donde los Escoberos peleaban entre sí, siempre danzando, por el predominio tribal. Para eso, trataban de hacer caer a su rival mediante zancadillas, golpes ocultos y, por supuesto, mediante su escoba como arma, generalmente para trabar ágilmente las piernas del adversario. Esto era parte de la danza misma, y la habilidad era una virtud. El Escobero también era mago, y atraía y provocaba la buena (o mala) suerte. La escoba "abría el camino" a la suerte de la murga.
De todo esto, podemos hipotetizar la suposición posterior que el escobero era un personaje hábil, tramposo, ladino y a la vez, admirado.
Las Naciones se desafiaban en lo que aún hoy en Uruguay se denominan “llamadas”: desafiantes cantos de "guerra" para la competencia entre murgas en carnaval.
Podemos aventurar que las murgas de los carnavales rosarinos recordaban a este personaje del candombe, y Los Negros Escoberos bien podrían llamarse, de alguna manera, “De los Bastoneros”, ya que en el candombe, el escobero era uno por Nación africana, y uno por murga. Culturalmente, era imposible más de uno por grupo.
Entonces, la adopción de formas culturales negras, mediante la deformación que suponía adaptarlas al carnaval europeo-argentino, presupuso necesariamente una nueva concepción. Los Negros Escoberos rosarinos, dada la memoria popular y al derivar de características antiguas, como "imagen" deberían ser gente ladina, y hasta cruel, peleadora y combativa, recordando lejanamente a los viejos directores del candombe africano.
La escoba, en su significado original, hasta podría haberse continuado en la actual superstición popular de no barrer frente a alguien, para no "barrerle la suerte".
De todo esto provendría según nosotros, el cuchillito en la escoba, la mezcla del personaje femenino mentado por Terrazzino (recuerdo tal vez de la Mamá Vieja) , la “lógica- ilógica” de la pelea (la “puñalada”) por gusto o un discutible predominio, en una rivalidad entre barrios lejanos, algo absurda y hasta de dudoso beneficio.
Debemos también recordar que los escoberos de la murga eran blancos, varios de ellos tal vez criollos o inmigrantes, y que los corsos barriales eran localizados, limitados a tres o cuatro cuadras, no mucho más.
Podemos hipotetizar que los Negros Escoberos son una creación popular –sea real o legendaria- en base a vestigios de culturas lejanas, extrañas y por ende atrayentes y motivadoras. Fueron una murga y un exotismo, es cierto, pero menos interesante que su danza fue esa escoba traicionera.
Nada mejor que estos ingredientes extraños para crear una leyenda, y bastó el sabor de lo viejo, exótico y peligroso para recalcar el detalle: sin ese cuchillo en la escoba, nuestros tres vecinos hubiesen olvidado la historia sin pena ni gloria.
Para el Museo, la verdadera existencia (existencia histórica) de Los Negros Escoberos no es en el fondo importante: se reduce a un dato. Pero sí nos interesa la supervivencia de rasgos africanos en una cultura aluvional - inmigratoria fuertemente europea.
Podemos afirmar que Conti, Dufour y Terrazzino nunca se arrimaron siquiera a estos personajes. No dan nombres, ni siquiera dan fechas o épocas de esas correrías carnavalescas: bien pudieron ser en 1900, 1930 o 1950. Suponemos el período entre 1930 y 1950, época en que el barrio era "bravo", por la alta desocupación y la marginación consecuente, aunque es una mera suposición. Ninguna revista (monos y Monadas, Gestos y Muecas, Plumazos) ni de ésta ni de épocas anteriores, menciona la comparsa, ni siquiera los carnavales, ya que era un barrio esencialmente obrero, aunque las crónicas burlonas sobre el barrio o acerca de las fiestas en Avenida Alberdi son frecuentes.
Ya en la década del 50 al 60 se celebraban corsos barriales, pero ahora con abundante testimonio de los vecinos.
Dudosamente –y sin querer faltarles el respeto- ninguno de ellos jamás hubiera intentado comprobar la real y concreta existencia del amenazante cuchillo en la paja de la escoba. Los tres son hombres de buena familia, trabajadores y poco adeptos a intercambiar con la "runfla" del barrio, que era justamente la que formaría esa murga. Pero sí podemos aseverar que sus historias y relatos son las de un barrio que ha sabido crear, mediante retazos de oscuras y viejas culturas ajenas, sus propias leyendas, sus propios rituales y sus propios misterios.
Tal cual lo han hecho todas la sociedades del mundo, desde siempre.




TITO CONTI ENTREVISTADO POR NINO VOLPE