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lunes, 6 de marzo de 2023

CARNAVALES BONAERENSES



 Corso en la localidad de Coronel Seguí, Partido de Alberti. Allí cuando se festeja el carnaval, se junta la gente de la zona para ver pasar las carrozas, murgas, comparsas y batucadas. 

Murga Fantasía de Arrabal,  

de la Plaza Manuel Belgrano, Chivilcoy, fundada en 2008.  
"Donde el arte es libertad."











miércoles, 23 de diciembre de 2020


Una producción del Museo Vivo de Carnaval Metropolitano


Vicio Chiflado, de Almagro.

Un disco de murga de los 70

Charla, presentación y anécdotas junto a: ◼️Martín Di Napoli ◼️Hector Cicero ◼️Lito Corvalan ◼️Carlos y Rogelio Paltrinieri ◼️Gallego Espiño ◼️Daniel Chádres ◼️Dany Laham Los Viciosos de Almagro y Los Chiflados de Almagro con canciones de los 70 con un audio remasterizado sin perder la esencia de ese entonces. Para destacar y agradecer a Eduardo Perez "Nariz", un baluarte de nuestro carnaval por atesorar y compartir ese material.






sábado, 15 de junio de 2019

VIENTOS DE MURGA
Por Alicia Ingas  (AliMocosa)



La luna se va encendiendo, 
la noche usa sus colores; 
un murguero ensaya pasos
que le baila a sus amores.
Un bombo va despertando
los duendes con su llamado
y el barrio se acerca
tímido, asombrado
y ve estallar en el aire
la magia del carnaval. 

Porque es tiempo loco de murga
que no se calla, 
que canta y lucha
porque nuestras voces al viento
van defendiendo los sentimientos,
VIENTOS DE  MURGA

Cosquillas de mariposas
van aleteando en el alma,
resplandor de lentejuelas iluminando esperanzas.
No podrán callarnos nunca
aunque nos pongan mordazas;
brillan en los trajes,
son nuestras verdades
y abrazado a la levita
EL MURGUERO ES EL CARNAVAL

domingo, 24 de marzo de 2019





Memoria travesti-trans: “El Carnaval era el único momento de libertad”

Por: Agencia Presentes 
Fotos y testimonios: Archivo de la Memoria Trans.
Textos: Paula Bistagnino


De la exclusión al centro de la escena, del encierro de las casas y cuartos de pensión a los aplausos y las plumas en la calle. Los carnavales fueron históricamente para las travestis y trans su fiesta popular. La única: esas seis noches al año, dos fines de semana de viernes a domingo, eran las únicas en las que las pelucas, el maquillaje y los tacos no las convertían en marginales ni criminales sino en las divas de los desfiles y corsos de los barrios de la provincia de Buenos Aires y la Capital.


“Esperábamos todo el año los seis días de corso en los que podíamos salir a la calle y ser nosotras en libertad: nos encontrábamos, nos divertíamos, nos poníamos todo. Era como un sueño de divas, algo que sólo se podía vivir en el Carnaval o el exilio”.



“Eran 6 días de libertad y 350 de cárcel. No exagero. Así era para nosotras. Así fue antes y después de la dictadura, incluso peor después de la dictadura. Esos días era algo mágico: porque de que nos discriminaran pasábamos a ser como las divas. Si no había travestis en un corso, era como que faltaba algo”.





“En esa época existían lo que se llamaba edictos policiales: a nosotras nos llevaban por el artículo 2° F: llevar ropas contrarias al sexo. Así que salíamos al almacén o a comprar cigarrillos y nos levantaban. No era posible ni andar en pollera media cuadra porque te llevaban, así que ¡imagiante lo que era salir con conchero y pezonero! Era una fiesta para nosotras”.



“Vivíamos como gitanas esos días en los colectivos: a veces dormíamos ahí. Ya a las 16 llegábamos para montarnos a las casas donde se organizaba y terminábamos a la madrugada”.





”Nos pasábamos mucho tiempo haciéndonos los trajes: los cosíamos nosotras. El día del corso nos reuníamos en la casa de alguna compañera siempre, a montarnos juntas. De las murgas nos mandaban a buscar en un colectivo: y por ahí íbamos a cuatro o cinco corsos distintos en una noche, como una gira. Algunos incluso nos pagaban”.



“Y en ese tiempo, los 70/80, no había más que hormonas y estaba muy de moda Moria Casán. Así que nos poníamos goma espuma para hacernos las caderas y cuatro o cinco pares de media arriba y el conchero”.





“Era como el cuento de la princesa al que se le acaba el encanto: terminaba el carnaval y tenías que salir corriendo porque ahí nomás te manoteaba la policía. Terminaba la murga y estaba la camioneta esperándonos o el camión o el colectivo para llevarnos presas”.



“Íbamos a varios lados, donde había corsos: en Tigre, en San Isidro, en San Fernando, en Béccar, en toda la zona norte. Pero había por todos lados: por toda la provincia y en los barrios de la capital. Depende de la murga en la que vos estabas o de la que te invitaban. Pero era como una cita infaltable: la fantasía de todos los días”.





“La gente nos aplaudía: nos gritaba cosas lindas y se sacaba fotos con nosotras. Éramos como las estrellas de la fiesta. Seguro que alguno se reiría o haría chistes, pero no nos importaba: nosotras lo disfrutábamos, estábamos felices… Mirá si me iba a importar, con todo lo que estaba acostumbrada a soportar”





“De chica mi mamá no me dejaba participar y me decía que no lo hiciera nunca, porque nos llevaban para reírse de nosotras. Después estuve en pareja con uno que tocaba el bombo en una murga pero era celoso y no me dejaba participar. Iba toda tapada al lado suyo… Pero cuando pude, me puse las plumas y fui”.





“Empezabas de chiquita, de adolescente ya salías: te invitaban del barrio porque te conocían. Y vos te ibas haciendo el traje todo el año. Terminaba un carnaval y ya empezabas a pensar en el traje que te ibas a hacer para el año siguiente”.



“Igual, había una parte triste y era que cuando ibas ahí te dabas cuenta de había compañeras que ya no estaban: de un verano al otro muchas se había exiliado, pero también muchas ya estaban muertas. Nunca éramos otra vez las mismas”.





“Mi grupo se llamaba ‘Las Divas’, éramos ocho y en realidad yo era la única travesti: las demás eran todas lo que llamábamos ‘maricas chicharras’, que son esos maricas muy afeminados pero que andaban más de varón”.





“Una murga tenía que tener sí o sí las chicas trans porque si no era un aburrimiento. La gente se amontonaba para vernos porque era la única oportunidad. Éramos como una atracción, porque después todo el año estábamos ocultas por esto de la represión de la policía. La gente iba a vernos y a sacarse fotos con nosotras. Y muchas nos decían cosas lindas de apoyo, porque sabían lo que nosotras pasábamos, que era entrar a un supermercado o un restaurante y que alguien te mandara a la policía para que te sacara”.





“Un poco se extraña ese clima de carnaval. Pero mejor es hoy, que siguen pasando cosas, pero no así. Ahí nunca sabías si ese carnaval era tu último carnaval”.



domingo, 3 de marzo de 2019



Glorias del Carnaval Porteño

Cacho Conde, "Mamadera". 





Cacho Conde, conocido como "Mamadera" o "El Sordo", ilustre  bombista del barrio de Saavedra es una  figura representativa y destacada de la murga porteña, hermano de Marta Conde,  quien  fuera una de las primeras mujeres murgueras en la Ciudad de Buenos Aires.  En esta antigua fotografía de Los Curdelas   se lo ve  junto a  Pachi, otro niño de la misma agrupación. 







Fotografía de Los Curdelas. A la izquierda con bombo, Cacho "Mamadera".  Al frente,  su primo, El Bocha, legendario bailarín saavedrense, también miembro de la afamada familia Conde, que supo hacer  historia en el carnaval porteño y que   inaugurara toda una tradición rítmico - expresiva  que hoy tiene plena vigencia en la murga de la Ciudad de Buenos Aires. 




Los Curdelas de Saavedra. Puede verse a Cacho Conde en esta fotografía de fines de  la década de 1960 junto a Tivo Avalos, otro gran bombista de la época. 


Además de Los Curdelas de Saavedra, Cacho Conde y su familia participaron en otras murgas de la ciudad, tales como Los Elegantes de Saavedra,  Los Mimosos de la Paternal, Los Magos de Saavedra, Los Viciosos de Villa Martelli  y varias otras más.  










Su hija, Angeles, continúa la tradición familiar hasta el día de hoy y se siente agradecida heredera  de esta pasión que heredó de su papá. Aquí la vemos junto a sus cuñadas en la murga Los Rompebolas del Kilómetro 30 
















lunes, 21 de mayo de 2018



                         


La última noche de carnaval lloro 

Por Carolina Iannuzzi 


La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase de Charly: "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Cuando mi hijo era chiquito se disfrazaba de jirafa para salir en la murga.
Tenía 5 años.
Como las madres que sueñan con ver a su hijo dotor, yo soñaba con ver al mío con el traje de la murga.
Pero me tragaba mi deseo, porque desde que nació, Santino tiene a la determinación en HD y él tenía muy claro que no quería traje: "Yo quiero zalir dizfrazado de jirafa", me dijo.
No encontraba modista que prestara ese servicio. En la víspera de los Carnavales, las modistas porteñas o que habitan este suelo tienen demasiada demanda para a eso sumarle un diseño tan particular.
En esa época trabajaba como voluntaria en una cárcel de mujeres. Una de las participantes de mi taller de teatro (que en ese momento no sabía, ni yo tampoco, que íbamos a ser amigas primer cordón) me dijo cómo hacerlo: "Un enterito amarillo sin mangas con pedacitos de tela marrón; corto, tipo short, porque en febrero hace calor; y una capucha que se pueda poner y sacar con velcro abajo de la mandíbula".
Con indicaciones así de claras una modista decidió hacerlo.
El público amaba a la jirafita que bailaba haciendo una especie de salpiqué por los corsos porteños y bonaerenses.
Yo bailaba cerca suyo con mi traje rojo, naranja y amarillo y veía las secuencias de refilón: detrás de las vallas de cada barrio que visitábamos siempre había alguna mujer que le señalaba a otra con cara de estar presenciando un nacimiento, a la jirafita.
Duró pocos Carnavales ese disfraz porque los chicos crecen mucho de un año para otro.
Santino decidió que el Carnaval siguiente quería ser un mono y al siguiente un canguro.
Cuando todavía era jirafa, una última noche de Carnaval estábamos por empezar el desfile de entrada. No me acuerdo en qué barrio, sé que era en provincia.
Terminábamos esa función y al día siguiente empezaban las clases.
Santino lloró.
Estábamos formadas en una calle muy oscura y Santino lloró porque no quería que termine el Carnaval.
Una masa de murgueras entre el dolor y la ternura me ayudaron a consolarlo porque yo sola no podía, yo también quería llorar.
Las murgueras lo persuadieron diciéndole que lo mejor era que entonces disfrute a esa función como a ninguna, que lo dé todo, que el público ama a la jirafita.
Creí, una vez más, que lo ideal es no criar a los hijos sola. Pero no sola de un padre, o padrastro o ninguno de esos roles. Sola de manada. Creo que a los hijos hay que criarlos en manada.
3 saltos, empezó la función.
Poca gente, no importó.
Yo aproveché para sacarme el llanto atragantado mientras bailaba.
El maquillaje murguero es bastante sólido en general... No suele pasar eso de que las lágrimas corren el rimmel.
El calor dilata y se camufla lo rojo del llanto.
El canto disimula los gestos de congoja.

La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Antes de ejercer como murguera también lloraba. Creía (cuando era chica) que era por el final de las vacaciones, pero después, mucho después, me di cuenta de que era porque terminaba el Carnaval.
Porque ningún día del año estaba más lejos del Carnaval que ese día.
Hoy fui a ver a una murga amiga al corso de mi barrio.
Como espectadora puedo disimular el llanto diciéndo que me tiraron espuma.
La murga amiga siguió tocando después de terminar el espectáculo. Habrán sido unos 15 minutos más.
Me acordé de ese garroneo, un pasito más... Una patadita más, Momo, no te me vayas, que no termine ya...
Es lo más parecido que conocí a estar enamorada.
Vestirte al pedo, la tentativa de despedirte con un beso que se convierte en otro polvo. Un pucho y arranco. Dale que ya llego tarde.
Un pasito más, 3 saltos más. No guarden los bombos en el micro. Bueno, sí, pero sigamos un ratito más en la plaza. Si los vecinos se quejan igual ya no hay más corsos.

La última noche de Carnaval lloro.
Como piantándole votos a la frase "La alegría no es sólo brasilera", lloro en Buenos Aires.
Hay una glosa leyenda que tiene razón:
"Murga querida, vos me curás las heridas,
y yo te tengo presente, porque sos y serás siempre, 
EL METEJÓN DE MI VIDA!"

¡Hasta el próximo Carnaval! 🎉🎭🎶





domingo, 4 de marzo de 2018


LOS GOYENECHES DE SAAVEDRA 

jueves, 22 de febrero de 2018

El Carnaval tuvo el pogo murguero más grande del mundo




La resistencia y la alegría se dieron cita en el corso de la murga Cachengue y Sudor, donde cientos de personas rockearon la fiesta de Dios Momo. Además de celebrar el carnaval se mencionó a algunos barrios y murgas a las que se les negaron los permisos para realizar corsos. También las mujeres se convocaron para organizar una columna murguera para el próximo 8 de marzo. Reviví aquí las dos noches mágicas en el Corso de la Arpillera. 



Si será grande el Carnaval, qué lo parió… Justo celebrándolo dimos, por fin, con una imagen que dice más que mil palabras. Aún hoy el Carnaval, la fiesta popular más grande del planeta, tiene que lidiar en la Argentina con detractores que denostan este festejo por “los ruidos, los cortes de calle y bla bla bla”, pero que al mismo tiempo se muestran felices cuando una fashion feria de comidas corta avenidas principales. Sin embargo, pese a la problemática del desprecio, el corso de Cachengue y Sudor, en la Plaza 24 de septiembre (a metros del monumento al Cid Campeador de Gaona y San Martín), le regaló a la vida una fiesta mágica, cálida, independiente y autogestiva, en la que la resistencia, la lucha y la igualdad de género convocaron a cientos de personas para vivir el momento en cuestión, el de la foto que pone la piel de gallina: se va la murga invitando a los presentes a bailar bajo su bandera, un “trapo” tricolor de unos cuatro metros por siete, bajo el que siempre bailan murgueras y amigos, contenidos, felices, abrazadas. Pero esta vez pasa algo que rompe todos los moldes. Esta vez esa bandera parece un pañuelo. Esta vez, seguramente con el empuje y la rebeldía que despierta el momento sociopolítico que atraviesa el país, la Murga de Arpillera de multiplica por cientos. Esta vez los adoquines de la calle Rojas son invadidos por saltos que hablan de unidad. Esta vez, el pogo murguero más grande del mundo conmueve hasta los huesos. Esta vez, la bandera roja, verde y amarilla de Cachengue y Sudor es el lazo que une y al que no le gusta, se jode, se jode… La “Arpillera”, agrupación de 22 años de vida, lo recita sin vueltas: “Que vuelen mil piedras al zoológico de la indiferencia para que de una vez entienda que acá, ACÁ, ¡está la resistencia!”.


No es sencillo el marco, pero ahí está Dios Momo haciendo de las suyas. Mientras el mundo entero celebra y disfruta el Carnaval, en Buenos Aires se lo resiste, se lo reprime, se lo persigue e incluso reluce la máscara en la que se transformaron los corsos del circuito oficial porteño, organizado por el Gobierno de la Ciudad, que los esconde cada vez más y que sueña con encorsetarlo en un Corsódromo o un absurdo por el estilo. O por el Municipio de La Matanza, que invita en todos sus barrios a concurrir al “Corso de la alegría” en González Catán pero, a la vez, intenta suspender el corso organizado por la murga Furia de Carnaval en el Barrio Alas de Ciudad Evita. “Nos sentimos violentados en nuestro derecho a la expresión de forma festiva. Somos un grupo de personas que venimos trabajando en el barrio y en La Matanza desde hace 10 años y nunca tuvimos un conflicto llevando nuestras actividades adelante”, explicaron los integrantes de la murga, sumando a los vecinos, invitándolos “a defender esto juntos”. Asimismo, la Murga Los Galanes también fue víctima de prohibición por parte del Municipio de Morón, pero ante el clamor popular y el apoyo de murgas de todos los distritos, la medida de prohibición terminó siendo levantada. Peor suerte corrió la agrupación Colgados de la Rama, de Chivilcoy: tuvo que suspender su corso pautado para los días 17 y 18 de febrero, debido a una ordenanza municipal de último momento. Así lo explicaron a través de sus redes sociales: “Nos informaron de una nueva disposición legal (vinculada a la venta de alcohol en la zona de los corsos) horas antes de la realización de dos corsos populares barriales que están autorizados por el Municipio desde el mes de diciembre. Creemos que esta nueva disposición genera más conflictos entre la sociedad y sobre todo lleva la bandera de la prohibición implícita de los corsos populares, ya que la circular señala que sobre todo esta disposición se aplica “en corsos y comparsas”. No hay sitio en que no se vea afectado si se aplica esta medida de forma generalizada, por lo que como agrupación carnavalera con 18 años de vida, NO realizaremos corsos donde podamos perjudicar a los comerciantes”. Este acoso genera, justamente, que las murgas se unan más que nunca. Porque si tocan a una, tocan a todas.


Es así que el corso de la Triple Frontera, donde La Paternal, Caballito y Villa Crespo confluyen para darle un escenario a Cachengue y Sudor, los Guardianes de la Esperanza, aglutina pasiones y luchas, sobre en todo en contra de Pato y Gato, que gobiernan desde el escenario... Es por eso que esa bandera se vio desbordada y amada, con fuerte presencia femenina, en otra demostración de que la murga no sólo se encarga de hacer reír, sino que también genera compromiso solidaridad. Las murgueras de la Arpillera visibilizan en cada paso de murga al Movimiento de Murgueras Independientes de Buenos Aires, que comenzó a asomar la cabeza después del paro internacional de mujeres del 8 de marzo de 2017. Allí se reunieron, se reconocieron y empezaron a gestar este espacio que tiene como fin empezar a hablar de que las murgas están atravesadas por el contexto social, con muchas situaciones de violencia machista, física o psicológica. El último Encuentro de mujeres, en Chaco, ya las tuvo como frente de murgueras organizadas. Y el mensaje es claro, sostenido junto a los compañeros de las agrupaciones: “Este Carnaval, si vives una agresión machista buscá a una persona con pañuelo verde. Si tocan a unas, luchamos todas”. Juntas las queremos. Y el 8 de marzo, otra vez sus bombos le darán ritmo a una nueva marcha en el paro internacional de mujeres.



La calidez y la alegría hacen del corso de Cachengue y Sudor un aquelarre que sabe que un “ejército de murgas nos saca de la tumba”. Y allí estuvieron Puerto Piojos, La Cumparsa, Fantasmas de Malaver, Aturdidos por el Bombo, Poseídos por Momo, Saliendo del Fondo, la Orquesta Callejera Bailable, Las Orillas, Flores del Desierto, Los Gastasuelas, Mal Bicho, Ta’ Que Explota y Piantaos por la Alegría. Bien rodeadas, entonces, los murgueros invitan a sumar, a bailar a tu manera con la Murga de Arpillera. Y las cientas de personas multiplicadas, murgueras o no, se suman, se sumergen en esa bandera que es amor y murga, y hacen estallar los adoquines. Es Dios Momo que nos despabila, que nos invita a alborotar el avispero como él hizo en el paraíso. Si te perdiste la conmovedora y concientizadora fiesta carnavalera de Cachengue y Sudor, ya reservate una fecha: para el 17 de marzo se viene el ya clásico Festival de la Resistencia, a través del cual la murga se planta para recordar y repudiar el Golpe de Estado de 1976, mantener viva la memoria y gritar bien fuerte que son “los Guardianes de las esperanza que crece y avanza, del sueño subversivo y libertario, del amor, la utopía, que no han podido asesinar en más de 500 años de historia genocida”.




viernes, 16 de febrero de 2018



"SER MURGUERO" 
La identidad de las murgas en Rosario


Mediometraje documental realizado para la materia Socioantropología
del primer año del Postítulo en Periodismo de la Universidad Nacional de Rosario

miércoles, 25 de mayo de 2016

La “murga villera” recordó bailando la historia de su barrio 









El pasado domingo 22 de mayo, la murga “Los Guardianes de Mugica” realizó su 17ma marcha de murgas por la Villa 31, recordando los 42 años del asesinato de Carlos Mugica, y los 16 de su primer actuación en el barrio. Junto a otros murgueros amigos, la murga concentró frente a la terminal de ómnibus de Retiro y atravesó la villa hasta finalizar en la capilla Cristo Obrero, donde se encuentran los restos del principal referente que tiene este barrio. Por Ramiro Giganti, para ANRed / Imágenes: Los Guardianes de Mugica / Video: Nelly Azul Benítez.

“Vamos murgueros, que la lucha sin alegría, es una lucha perdida.”
La historia de la primera murga de la Villa 31 comienza en octubre de 1999, cuando los restos de Carlos Mugica fueron trasladados a la villa para permanecer en la capilla “Cristo Obrero”, donde el “Padre Carlos” realizó su principal obra. A pesar de los desalojos masivos que la dictadura militar realizó en la villa, la capilla se mantuvo en pie. De los más de 50 mil habitantes que tenía la villa antes del golpe militar, sólo quedaron unas pocas familias, aproximadamente unas 200 personas.
Nelly Benítez, fundadora de la murga y vecina del barrio desde 1969, es una de esas personas que además estuvo presente en aquella movilización de octubre del 99’. Durante la “marcha procesión” que devolvió los restos del Padre Mugica a la 31, Nelly junto a un grupo de chicos de la villa, con quienes estaba realizando actividades de prevención del HIV, se emocionaron al ver que en la manifestación había una murga: se trataba de la legendaria murga “Los Crotos de Constitución”.
Fue en ese mes de octubre 1999 cuando la murga empezó a tomar forma, y empezaron las primeras rifas y actividades para juntar el dinero para su primer bombo y telas para los trajes. Mientras los vecinos se debatían sobre que “protección” iban a tener sus restos, es decir, si las autoridades gubernamentales mandarían policías a la capilla, desde la murga surgió la sentencia: “sus restos y su memoria tienen que ser cuidados por nosotros, los vecinos”. De allí el nombre de esta legendaria murga.

La falta de recursos económicos y tiempo impidió que la primera presentación de la murga sea en los carnavales, pero el 14 de mayo del año 2000, la murga dejó su primera huella. Como todos los años siguientes, la murga recorre la Villa 31, uniendo sus barrios, el domingo más cercano al 11 de mayo, fecha del asesinato de Carlos Mugica en manos de un sicario de la triple A, allá por 1974.
Este año la actividad estaba convocada para el domingo 15 de mayo, pero el mal tiempo postergó la actividad una semana y generó algunas bajas en sus visitantes, pero muchos otros se hicieron presentes. Acompañada por integrantes de otras murgas de distintos barrios, desde José C. Paz hasta La Plata, los bombos empezaron a sonar en la esquina de las calles 4 y 5, para luego ingresar por la calle 5 al Barrio Güemes, y empezar la recorrida.
Algunos vecinos se asomaban para verla, otros se sumaban, frente a la cancha de fútbol de la Calle 5. Un grupo de ancianos que estaban en el piso tomando un vino empezaron a aplaudir sonrientes. “¡Viva Mugica, viva el Che Guevara!”, decían mientras la murga pasaba y la mayoría no escuchaba sus palabras tapadas por el sonido de los bombos.
Al terminarla calle 5, villa adentro, las murgas continuaron el recorrido por la paralela, como suelen hacerlo todos los años, hasta frenar en otra cancha de fútbol cercana al comedor “Bichito de luz”, donde se armó la ronda y los murgueros bailaron la tradicional matanza.
Unos minutos más tarde la marcha siguió su rumbo, recorriendo calles mas angostas, atravesando los barrios YPF y Comunicaciones, donde suele ensayar la murga en la calle 12. En el final, mientras una parte de “Los guardianes” se abría para preparar el mate cocido y las tortas fritas, algunos visitantes hicieron una visita por la capilla Cristo Obrero, donde se encuentran sus restos.

El camino más difícil
La historia de la “Murga Villera” es la los viajes por los caminos mas duros, plagados de obstáculos. Es la historia del barro y la gambeta, porque si de gambetear adversidades se trata, los 16 años de esta murga pueden dar más de un testimonio. También de gambetear las peores ofertas, esas de punteros y corporaciones que nunca pudieron comprar a la murga.
Resumir la historia en una nota es imposible. De hecho, existe un libro escrito por Nelly Benítez titulado “Guardianes de Mugica, diamantes en el barro” finalizado al cumplirse 10 años de la murga. También hay un documental titulado “Guardianes” , de más de 60 minutos de duración que solo muestra parte de la historia de la murga durante los años 2005 y 2006.
Además de actuar en gran cantidad de corsos en distintos barrios, la murga tuvo otras presentaciones trascendentes, desde el “Teatro Roma” de Avellaneda, o la “estación Dario y Maxi”, en el mismo municipio un 25 de Junio durante la vigilia por Kosteki y Santillán; el Encuentro Nacional de Murgas en Suardi, provincia de Santa Fé, o la Marcha Carnavalera en La Plata; las movilización por la recuperación de los feriados de carnaval y siendo parte de la “columna de murgas” en muchos 24 de marzo, acompañando la movilización convocada por Encuentro Memoria Verdad y Justicia. También participó de las masivas movilizaciones durante el año 2006, ante las amenazas de desalojo en el barrio. Organizó muchas fiestas para financiar sus carnavales, algunas muy exitosas, otras no tanto. Incluso una fue desalojada por la policía sin motivo legítimo alguno. También se presentó en actividades solidarias, tanto en la 31, como en otras villas.

Lo que siempre estuvo presente, además de las numerosas adversidades sorteadas, fue la firme decisión de no negociar su identidad con punteros políticos en el barrio, ni con organismos de poder, oponiéndose firmemente al clientelismo político, no sólo de palabra. Autogestionada desde sus inicios, la murga supo decir “no” a más de un poderoso. Después de ser parte de las movilizaciones por la restitución de los feriados de carnaval, la murga participó de los primeros corsos oficiales a principios de este siglo, pero fue siempre una voz crítica ante las imposiciones de la comisión de carnavales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Desde imposiciones artísticas, hasta el hecho miserable de hacer que las murgas compitan entre sí por un lugar en los carnavales siguientes.
En el año 2005, la murga abandonó el circuito oficial de carnavales por decisión propia, resignando el dinero que el gobierno le otorgaba a cada murga participante. Junto con otras murgas afines, fue una de las principales impulsoras del movimiento de Murgas Independientes, que une a murgas tanto de la Ciudad de Buenos Aires, como de los distintos barrios del conurbano, organizando los circuitos alternativos de corsos, durante los carnavales.
Pero la intransigencia nunca es gratis. La murga fue víctima de difamaciones dentro y fuera del barrio. Más de una vez estuvo a punto de disolverse, pero siempre renació. Este año no fue la excepción: después de recorrer varios barrios del conurbano visitando sus corsos, el daño corporativo volvió a atacar a la murga. La productora Ideas del Sur insistió una y otra vez en querer contar con la murga para una producción televisiva. Después de que los referentes de la murga hayan decidido no ser parte, la productora desoyó su postura e insistió intentando convencer a Nelly.
No es la primera vez que sucede: al parecer el “sueño cumplido” que la productora muestra por televisión, terminó siendo una pesadilla para quienes la televisión muestra como beneficiarios. La productora filmó en la villa, usando a una murga como “porristas” sin canción de crítica, sin contenido social, sólo colores con un mensaje vacío. La murga no era “Los Guardianes de Mugica”, sino una murga formada hace un año por punteros machistas y subsidiada por el actual gobierno (sí, el mismo que mandó a la gendarmería a reprimir un ensayo en el Bajo Flores). Tal vez vean en estos días un programa de mucho rating y poco contenido, mostrando a una murga en la villa acompañando a alguna celebridad de la farándula. No será esta, no será la histórica murga de la Villa 31.




En el año 2003 un intento de disolver la murga fracasó por completo. Se les prometió a muchos de sus integrantes un presupuesto de parte de punteros políticos para formar otra murga. Muchos se fueron y la murga tuvo que rehacerse, siempre recorriendo el camino más difícil: el de la autogestión aún sin recursos. La otra murga no desfiló por ningún corso en los carnavales siguientes. “Los Guardianes de Mugica” no sólo salieron en ese y los siguientes carnavales, sino que estrenaron una canción de crítica que siguió sonando por muchos años y hoy su letra está más vigente que nunca:
“Cuando se te acerque algún puntero, para comprarte con su dinero
Dale una patada en el trasero, no está en venta tu alma de murguero”.

El legado
Después de recorrer el barrio, la “murga villera” compartió un mate cocido y tortas fritas con sus invitados, como suele hacerlo todos los años. Además de los ensayos y talleres de murga, sus integrantes han hecho numerosas actividades con el barrio en estos 16 años. Desde apoyo escolar, talleres de teatro, cocina, circo, y diversos emprendimientos productivos.
Las galeras que usan son hechas por los mismos chicos de la murga, y en esta ocasión hicieron unos recordatorios con los colores de la murga para entregar a los miembros de otras murgas como agradecimiento por la visita. Por nombrar sólo algunas, miembros de las murgas “Los Gastazuelas” de José C. Paz, “Los Que Quedamos de Ituzaingó ”, “Pateando la Luna” de La Plata o “Los Hechizados de Piedrabuena” , se llevaron el “souvenir”. Incluso un integrante de la murga italiana “Malamurga” formada en Roma, que estaba de visita por Buenos Aires y se sumó a la marcha, se llevó un recordatorio de la Villa 31. La “Malamurga” formada por italianos y argentinos que viven en Roma, realizó en febrero una movilización a la embajada Argentina para protestar por la represión sufrida por la murga “Los auténticos reyes del ritmo” del Bajo Flores por parte de la gendarmería.
Luego de repartir los recordatorios y agradecer a todos los presentes, la mayoría de los visitantes fueron partiendo. Nelly recuerda viejas anécdotas mientras Alex, de 14 años, ordena los bombos, y una segunda edición de su libro está en camino. También el sol iba partiendo y mientras llegaba la noche, Miguel tira carbón y madera a la parrilla para preparar una choriceada con los que quedan. Además de “asador”, Miguel es uno de los históricos de la murga. Cuando era pibe fue parte de la primer generación de bailarines de la murga, y desde hace varios años, además de bailar, toca el zurdo. Su hija junto a sus amigas es parte de la “nueva generación” de la murga. El futuro de esta legendaria murga está intacto a pesar de las adversidades.
“Murga Villera, sol y tormenta, barro en lentejuelas, llevame con vos”.



domingo, 1 de marzo de 2015




¡Abran cancha que aquí llega!

Documental de Jorge Gallegos. 
Un recorrido por la historia del carnaval porteño 
y por las expresiones murgueras de la actualidad 
con entrevistas a sus protagonistas.





martes, 24 de febrero de 2015


Derrotas Cadenas Presenta


"Autoconvocadas y autogestivas, las murgas independientes de La Matanza se caen y se levantan incansablemente para continuar con su proyecto artístico, social y comunitario. Afrontando las diversas prohibiciones y censuras, construyen colectivamente un espacio de pertenencia y de integración social que excede la alegría y el color del carnaval."



sábado, 26 de abril de 2014

Buenos Aires, abril de 2014





martes, 15 de abril de 2014


GRACIELA ZAVALA ENTREVISTA 
A LOS JURADOS DEL CIRCUITO 
DE CORSOS PORTEÑOS 





Graciela Zavala: "El Programa de Carnaval Porteño de la Ciudad de Buenos Aires, Ley 1527/04, dependiente de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad , esta conformado por diferentes instancias; una de esas ellas está compuesta por mas de treinta personas que constituyen el cuerpo de Jurados. Hoy conversamos con dos de ellos:  Matias Gamboa y Pablo Enrique Fernandez y con el Coordinador de los Jurados , el artista Emilio Laurito. Nuestro objetivo es conocerlos, entender por qué  se acercaron a ese rol; ¿qué ven, cuando miran a las murgas?, ¿de qué espacios vienen? ¿qué les ha aportado esta experiencia? Nos permite conocerlos. Tres invitados distintos, uno que creció en espacio de murga de barrio, otro con una solidad formación teatral, otro que recién empieza. Son distintos pero con una misma función. En la entrevista comparten con nosotros que sienten en carnaval... ¿Son muy distintos a los recuerdos de los murgueros? Mejor, disfrutemos disfrutemos de la entrevista." 

lunes, 27 de enero de 2014


EL NACIMIENTO DE UN MITO
DANIEL "PANTERA" REYES 
BARRIO DE SAAVEDRA
EN EL BOMBO OTRA LEYENDA, PETETE


miércoles, 11 de diciembre de 2013


 SOY MURGUERO 

Una visión musical y social en un viaje entre Amberes y Buenos Aires


domingo, 9 de septiembre de 2012

EL CORSITO - PUBLICACION DEL CENTRO CULTURAL RICARDO  
                                                      ROJAS   DIRIGIDA POR COCO ROMERO 

Haciendo historia
Por Alicia Martín
Sembrando en tierra arrasada
A comienzos del año 1984, el regreso de un goobierno constitucional despertaba grandes esperanzas. Sin embargo, había que reconstruir desde el terror y la fragmentación producidos por la dictadura entre los años 1976 y 1983. Difícil sintetizar el profundo quiebre producido entonces en la sociedad argentina: desaparecidos, exiliados, instituciones cerradas (Congreso, partidos políticos, sindicatos), intervenidas (universidades, obras sociales), desvirtuadas (el poder judicial)... La devastación, abarcaba todos los órdenes de lo que había sobrevivido, incluido el cultural.
Para aquella época, ganar la calle y ocupar los espacios públicos fueron puntos en común entre los que preparaban un nuevo renacer. Intelectuales y productores culturales hurgaron estéticas más directas, lúdicas y participativas en la profundidad de nuestra historia cultural.
El Centro Cultural Ricardo Rojas operó entonces como verdadero laboratorio cultural. Coco Romero se presentaba en esta dependencia de la Secretaría de Extensión de la Universidad de Buenos Aires, como titiritero, músico e investigador del carnaval porteño. Él, sus seguidores y amigos corrieron el telón para representar una gran historia poco conocida y sin registros escritos, abriendo paso a los viejos murgueros para sumarse como representantes y depositarios de una tradición popular olvidada. Contará en su libro que todo se inició con un seminario que dictara en el Rojas con el antropólogo Ricardo Santillán Güemes: “El público que acompañó aquella experiencia fue muy significativo, músicos, teatreros y los que añoraban la murga se dieron cita para escuchar y compartir las experiencias de los artistas de la calle” (Romero 2006: 228).
Pero además de activar viejas tradiciones, la amplia gama de expresiones del arte que se despliegan en la murga interesó a artistas plásticos, fotógrafos y cineastas, teatristas, músicos, bailarines, coreógrafos, coleccionistas y estudiosos. Romero auspició y colaboró con personajes de todas estas ramas de la cultura. Coco había acuñado una excelente síntesis: “la murga es el ingreso a las bellas artes de nuestros sectores populares”. Y desarrolló desde el Centro Cultural Rojas una variada actividad en la recopilación, sistematización y promoción de las artes carnavalescas porteñas. Sin el propósito de agotar este itinerario, resumiré aquí algunas de las áreas que exploró y desarrolló nuestro personaje en espacios institucionales. Si bien no es sencillo segmentar una trayectoria tan compleja y extensa, voy a centrarme en un posible inicio de esta historia, a fines de los 80’ culminando a mediados de los 90’.

El clima de la época
Un antecedente de importancia en la emergencia de las artes carnavalescas en Buenos Aires, se produjo cuando el movimiento de Teatro Abierto abrió el 24 de septiembre de 1983 su ciclo por la emblemática avenida Corrientes, habida cuenta de que “manos anónimas” habían incendiado y destruido el Teatro del Picadero, sede del movimiento. Junto con los actores de Teatro Abierto, escritores y dramaturgos, abrieron la marcha por la avenida Corrientes diversos centro-murga que aún se organizaban entonces. Esta invitación a marchar juntos artistas consagrados y carnavaleros implicó un reconocimiento de la vanguardia del teatro porteño hacia los artistas de carnaval. Recuerda Coco Romero: “Se desfila como en un gran corso de cuarenta cuadras, cantando y bailando chacarera o murga, todos disfrazados. En el recorrido se van sumando otras agrupaciones hasta el destino, un gran escenario en Parque Lezama. A la llegada de la gran murga al Parque se quema el fantoche Censura y se arma el baile” (Romero 2006: 215-216).
A su vez, el gobierno de la ciudad abría también nuevos espacios de reunión a través del Programa Cultural en Barrios, con la idea de restaurar desde la acción cultural, el debilitado entramado social. Durante la gestión del historiador Félix Luna al frente de la Secretaría de Cultura, se organizaría el Primer Encuentro de Murgas. Esto sucedió el 10 de diciembre de 1987, en el Centro Cultural San Martín. “El coordinador del mismo fue un apasionado de la murga, el multifacético Horacio Spinetto, arquitecto, historiador, escritor y artista plástico”, recuerda Romero (2006: 227). Estuvieron invitados integrantes de Los Viciosos de Almagro, Los Pata Brava de Morón, Los Mocosos de Liniers, Los Reyes del Movimiento de Saavedra, el director de la Escuela Municipal de Arte Dramático de Mar del Plata Alberto Mónaco, Los Nenes de Suárez y Caboto junto con Orestes Vaggi, famoso coleccionista del barrio de la Boca y titular del Museo de las Tradiciones Populares de la Boca del Riachuelo. Un incisivo intercambio verbal sobre el carácter de la convocatoria, incluyó acusaciones hacia Los Nenes de Suárez y Caboto, por declararse a sí mismos “agrupación humorística” y no “murga”, situación que culminó con el retiro desairado de éstos y de Orestes Vaggi. Dando por superado el incidente, Rubén “Tarantela” Revelchioni, (notable autor y cantante de Los Mocosos de Liniers), demostraba la vigencia de la murga porteña entonando a viva voz y a capella temas de su repertorio carnavalesco. El episodio señalaba que no sería fácil establecer acciones comunes con los sobrevivientes carnavalescos, pese a lo cual Spinetto organizaría aún dos encuentros más, en el Centro Cultural Recoleta, durante 1988 y 1989.
Otra señal del cambio de los tiempos fue la película “Chiflados y Mocosos”, estrenada en 1986. El cineasta Eduardo Mignona realizó esta película para el canal oficial de TV, que junta en su título los nombres de dos agrupaciones carnavalescas legendarias del barrio de Liniers. Allí Mignona traza una metáfora donde la libertad de la murga se une con las demoradas aspiraciones democráticas de la sociedad civil. Sobre un argumento documental y ficcional a la vez, desarrolla un paralelismo entre la clandestinidad y resistencia de las murgas con la represión política y cultural. La última imagen, con los Mocosos: Carmelo, Lauchín y Tarantela bailando sobre la vereda del teatro Colón, plasma gráficamente los lugares y el contraste entre la cultura popular y la cultura oficial.
Años antes, y aún en tiempos de dictadura, el cineasta Daniel Monayer pasó un verano con “Los Fantoches de Boulogne”, en el conurbano de la ciudad de Buenos Aires, registrando personajes y actividades de esta agrupación en su película “Artistas de carnaval” (1982, 16 mm, producción independiente).
Estas breves referencias indican la gestación de un movimiento cultural fuertemente comprometido con la memoria popular. En ese marco, Coco Romero fue un articulador que potenció saberes olvidados. Pero sobre todo, y este es mi énfasis en este artículo, creó espacios para el encuentro y sentó las bases para generar una nueva institucionalidad en torno al carnaval porteño. O si se quiere, logró dar forma a sus sueños con realizaciones que hicieron historia.

Desembarco en el Rojas
El sitio de Internet del Centro Cultural Ricardo Rojas evoca así el surgimiento de las actividades relacionadas con la murga porteña:
“1988. Jorge Nacer, el entonces coordinador de las actividades de música del Centro Cultural Rojas, invita a Coco Romero a dictar un seminario sobre murga. Durante dos meses, se realiza el encuentro semanal bajo el título ‘Murga, fiesta y cultura’, junto a Ricardo Santillán Güemes. Siguieron el ciclo ‘los hermanos Acosta’ con un seminario de candombe” (Sitio electrónico del C.C: Rojas, Historia: Del taller al área)
Por su parte, Romero cuenta: “Durante 1988 abrimos en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, los talleres de murga. Ese primer año lo realizamos junto con el antropólogo Ricardo Santillán Güemes y tuvo el formato de seminario de dos meses... Preparamos el seminario cubriendo el aspecto teórico y dándole voz a las murgas y grupos que volvían al circuito del carnaval como ‘Los Mocosos de Liniers’; también participaron ‘Los Chiflados de Liniers’ … La joven murga de Daniel Reyes, (Pantera) ‘Los Reyes del Movimiento de Saavedra’ y ‘Los Xeneises de la Boca’. La mayor parte de los participantes se convirtieron en nuevos eslabones y continuadores de la idea de recuperar la murga. El Rojas fue el espacio que nos permitirá desarrollar las ideas que entonces compartíamos con Santillán.” (Romero 2006: 228. Mi énfasis)
“Dándole voz a las murgas”, señala la distancia que separaba entonces una teoría de la fiesta popular con los personajes sueltos y retazos de historia carnavalera que todavía seguían activos. Coco cierra el párrafo adelantando su objetivo, la idea “de recuperar la murga”, afirmando que fue el Centro Cultural el espacio para desarrollarlas. Este breve relato expone el tono legendario que Romero imprime a toda su actividad, y permite advertir entre líneas, que la tarea que se impone -“recuperar la murga”-, es su proyecto.
El desafío era transmitir un arte complejo, total o multidimensional, en donde se expresan todas las ramas de las “bellas artes”: desde la poética, la música, la danza, a la interpretación y las artes plásticas. Pero tanto o más arduo, imaginar un método o forma de transmisión de estas multifacéticas expresiones populares, que hasta el momento se habían aprendido y reproducido en forma folclórica, es decir, por la experiencia, la imitación y la repetición.
Romero convocó entonces a carnavaleros de distintos barrios para enseñar las artes de la murga: jóvenes murgueros de los barrios de Liniers, Almagro, Saavedra y el Abasto enseñaron danza; Alberto Ambruzzo, Leandro Aguirre, Gabriel Srur, José Luis Tur y Ana Biondo, de Liniers, danza, canto y composición de canciones; “Tete” Aguirre y “Tato” Serrano la base rítmica de bombo con platillo. Para 1991, el mismo Coco Romero dictaba solo los Talleres, con colaboradores más ocasionales de las formaciones barriales. Abriendo el espacio de los Talleres de murga, el propio Romero se formó como maestro en las artes carnavalescas.
La convocatoria a los talleres de murga no proponía explícitamente la conformación de agrupaciones. Este producto fue más bien, resultado de un proceso complejo, con avances y retrocesos, en cuya definición intervinieron activamente todos los involucrados. En esos años fundacionales, la recepción de la propuesta de los Talleres de murga en el Centro Cultural Rojas, circuló entre jóvenes de otro sector social, casi absolutamente ajeno a la celebración del carnaval de la ciudad de Buenos Aires, mayoritariamente estudiantes de nivel terciario o egresados de escuelas de artes plásticas, teatro, danzas, música. Para corroborar este planteo, trazaremos en los recuerdos de E., joven mujer integrante de los primeros talleres en el Rojas, algunos de los caminos ensayados, así como los puntos de encuentro y cooperación, atracción y diferenciación entre talleristas y murgueros barriales:
“Yo no conocía la murga, nunca jamás había visto un carnaval en Buenos Aires ... Y cuando entré a la murga, vi bailar a la gente de Liniers (que en ese momento estaba Alberto, el negro Ambruzzo...) y me quedé ALUCINADA. Pero por lo lindo, y por lo feo también. Creo que eso lo descubrí el primer día que fui, o sea, que ahí había algo interesante que no tenía nada que ver con mi historia, digamos. Estaba buenísimo... me llamó muchísimo la atención y empecé a ir al taller... Y nada, me enganché, me fui enganchando y enganchando”. (Entrevista con E., 2004)
El atractivo de este taller, el plus diferencial con respecto a las artes consagradas, era ese “algo... que no tenía nada que ver con mi historia”. Los talleristas, en su mayoría mujeres jóvenes entrenadas en lenguajes artísticos, aprendían las exóticas y desconocidas artes murgueras con carnavaleros barriales, en su mayoría hombres jóvenes que jamás habían pisado una escuela o taller de cualquier arte. El encuentro entre mujeres y hombres jóvenes de distintas procedencias sociales y culturales, (encuentro que sólo allí podía llegar a darse), no habrá sido un atractivo menor para cada uno de los grupos. Recuerda E. “Y a ellos se los veía muy contentos también enseñando.... Había como una fascinación también de enseñar ésto, de transmitir de otra manera ésto. Había como muy buena onda en aquel momento. Por lo menos de los que iban. De los que no iban, cada cual tiene su versión, pero de los que iban, la verdad que laburaban muy bien. No había problema, estaban contentos de hacer eso... “
La fascinación inicial genera una interacción intensa y fluida. Los murgueros de barrio también habían crecido con estos nuevos contactos, que desencadenarían entre ellos interesantes procesos de reflexividad y renovación del género carnavalesco. Sin embargo, “los nuevos” se venían con un impulso atropellador, y una entrega o “militancia” (en términos de Coco Romero), que iban a sacudir al espacio carnavalesco tradicional.
Los Quitapenas, en principio del Rojas, fueron la primera “murga sin barrio”. La finalización de la experiencia en los Talleres, fue de la mano de la exploración del medio carnavalesco, cosa que Coco Romero siempre impulsó como parte del aprendizaje. Los “nuevos” proyectaron sobre la murga y el carnaval una serie de actividades y renovación expresiva. En este sentido, los nuevos contextualizaron la práctica carnavalesca a su propio ritmo, gusto y formato. Es decir, tomaron decisiones audaces y renovadoras en la elección de las formas expresivas y organizativas de la tradición murguera que querían o no querían asumir.
La definición de los objetivos y el destino de los talleres y los talleristas fue entonces resultado de un proceso complejo, de prueba, ensayo y error. Y por supuesto, el marco institucional de Rojas, que a lo largo de la década del 90’ fue variando también.
En su libro, Coco Romero resume los efectos de esta actividad en el Centro Cultural: “Con la recuperación de la democracia en la Argentina esta modalidad [de Taller], ligada a la educación artística no formal, logra un crecimiento que llega a visualizarse en la actualidad. Los talleres de murga abrirán un camino de crecimiento del género con una interesante mixtura de pasado y presente. Este formato permite la unión de los grupos tradicionales con las nuevas corrientes y, a su vez, genera algo muy significativo: la murga se escapa del carnaval. Se trabaja durante todo el año y en los más variados escenarios. Ninguna estación del año la detiene... Ya nada será igual” (Romero 2006: 224-225)
Pasados los años, desde 1996 Romero inició contactos con agrupaciones carnavalescas y grupos de promotores culturales del interior del país. Trabajó con grupos de Bahía Blanca, Gral. Villegas, Lincoln, Gral. Madariaga, Mar del Plata, Neuquén, El Bolsón, Mendoza, expandiendo su proyecto por recuperar la murga (El Corsito Nº 6, 1996; Nº 14, 1998)
En nuestro caso, los talleres de murga del Rojas al tiempo que contextualizaron la práctica carnavalesca a nuevos tiempos y espacios, formaron nuevos agentes que se formaban a sí mismos como murgueros. En el impulso de nuevas actividades, fueron constituyendo un sector que operó fuertemente. Por el mismo proceso, posicionaron las artes carnavalescas en contextos novedosos, reactivaron a viejos artistas, es decir, colaboraron para escribir la tradición del carnaval porteño. Muchos de los primeros talleristas serían contratados como docentes de nuevos talleres, armarán murgas en los barrios, impulsarán el ingreso de la murga al sistema educativo. En esta versión que expurgó los elementos competitivos, machistas y violentos de las agrupaciones carnavalescas, las murgas empezarán a circular por ámbitos novedosos. Amenizarán fiestas privadas, como casamientos, cumpleaños. La agenda de la actuación murguera se ampliará dando lugar a formas de trabajo cultural. Y quizás lo más importante: se establecerá un diálogo constante con las formaciones barriales, proyectando a sus jóvenes dirigentes a nuevos desafíos. Surgirá de este medio una suerte de activismo murguero, que renovará las relaciones con las instituciones, el estado y los medios de comunicación.

El frente teatral, la creación y difusión
La experiencia en Talleres fue sólo una de las actividades que exploró Romero en su empresa por “recuperar a la murga”. El mismo procedimiento de combinar artistas profesionales con artistas folclóricos, lo empleó en 1992 para presentar el espectáculo “Aguante, murga”, en el auditorio de A.T.E. (Asociación de Trabajadores del Estado). Allí actuaba el grupo de músicos “Yo lo vi”, dirigidos por Coco Romero, y los jóvenes asistentes al Taller de murga porteña del Centro Cultural Ricardo Rojas, bajo el nombre de “Los Quitapenas”. Sobre el escenario, la ambientación de la artista plástica Cristina Árraga daba un marco carnavalero al espectáculo.
 “Nito” Chadrés, “Bebe” Lamas, el “Gallego” Espiño, Eduardo “Nariz” Pérez, experimentados murgueros de los barrios de Almagro y de Palermo, actuaron como ellos mismos, en un entremés titiritero de excelente factura. La trama presentaba a la “muerte”, títere de cuerpo entero interpretado por Mariana Brodiano (integrante del grupo de teatro callejero Los Calandracas), que venía a llevarse a la murga. En cada entrada, era desafiada y corrida por los murgueros. Todo esto intercalado con las canciones musicalizadas por Romero, que integrarían en 1994 el CD “Murga, vuelo brujo”. En esos dos años que van desde la presentación musical a la grabación del disco, el centro-murga Yo Lo Vi y Coco Romero llevarían su música a innumerables escenarios y medios masivos. La mitad de la población de la ciudad, reconocería así por primera vez, los sonidos que producía e identificaba a la otra mitad de la misma ciudad.
En ese mismo año, Romero concibió la publicación “El Corsito”, de frecuencia cuatrimestral dirigida por él, editada y distribuida por el Centro Cultural Rojas. El primer número apareció en febrero de 1995, con el lema “Momo, volvé, nosotros te queremos” y la leyenda: “Material de distribución gratuita que reúne material de divulgación y consulta sobre el Carnaval”. Este año El Corsito cumplió gloriosos e ininterrumpidos dieciseis años.

La epopeya murguera
El reconocimiento y exhibición de las artes carnavalescas en nuevos circuitos, generó procesos de reflexividad e intercambio difíciles de soñar años antes. Resurgían de sus cenizas murgas tradicionales de los 50’, como “Los Cometas de Boedo”. “Los Mocosos de Liniers”. armarían bajo la dirección del director teatral Carlos Palacios, versiones en formato murguero de “Sueño de una noche de verano” (de William Shakespeare), en 1990. “Los Herederos de Palermo”, organizados por Oscar “el Turco” Schumacher, remozaban la base musical de la murga porteña incorporando instrumentos melódicos, como trompetas, y amplificados, como guitarras eléctricas. Compartían escenarios con el cantor internacional latino Ricky Martin, grupos de rock y pop. El gran bailarín Daniel “Pantera” Reyes y su murga “Los Reyes del Movimiento” comenzaron en 1995 un programa radial: “La República de Momo”, dedicado íntegramente al carnaval. Al año siguiente ensayaba junto con Paulina Rey y Silvia Lescano, una coreografía sobre el “Bolero” de Maurice Ravel, combinando danza contemporánea y baile murguero.
Dos glorias de los carnavales del 50’ y 60’, Eduardo Pérez y “Guigue” Mancini, protagonizaron la película de Gustavo Marangoni: “Nariz, el murguero”, estrenada en 1994. Estas búsquedas y creaciones fusionaron a artistas de distintas escuelas y proyectaron a los artistas carnavaleros a nuevos desafíos. Así, murgueros de toda la vida, como Tato Serrano, Daniel Pantera Reyes, Rubén Gallego Espiño, Osvaldo Melli Cícero, incursionaron en el terreno teatral, la música, la danza, en realizaciones que hicieron historia.
De este modo, y en un proceso de pocos años, las prácticas expresivas del carnaval porteño lograron una excelencia, alcance y difusión inéditas. Se recrearon y musicalizaron viejos temas, aparecieron figuras y agrupaciones de los 40’ y 50’. Se divulgaron imágenes coloridas y rítmicas por TV, en cortinas musicales, en video clips, grupos murgueros. A su vez, el Gobierno de la ciudad volvía a auspiciar corsos en las calles de los barrios de la ciudad, y para 1997 sus legisladores declaraban Patrimonio Cultural de la ciudad a las agrupaciones de carnaval.
Hasta aquí llega nuestro análisis. Es enorme la lista de las producciones culturales que, desde 1985 a la fecha han transitado los caminos de unir a artistas de distintas formaciones en las tradiciones del carnaval porteño. Este proceso de renovación cultural no puede adjudicarse a un solo iluminado ni tampoco sólo a factores sociales, políticos o ideológicos. Toda épica popular reconoce gente que se aventura a nuevos caminos y algunos que van al frente.
En este sentido, como un gran estratega, Coco Romero desplegó una actividad intensa, avanzando sobre varios frentes simultáneamente: musicalizó poesía sobre el carnaval; grabó y difundió ritmos de murga porteña; colocó a las murgas en escenarios de primer orden; compartió escenarios con músicos y murgueros; convocó encuentros de percusionistas de bombo con platillo, fogatas de San Juan y quemas del año viejo en el Parque Centenario; apareció en los medios; contrató agentes de prensa y al primer fotógrafo que retrató profesionalmente los nuevos carnavales (Maximiliano Vernazza); fundó una publicación periódica. Los Talleres fueron, según mi apreciación, la actividad con mayor efecto multiplicador.
Como hombre del campo popular, Coco Romero aprovechó cada posibilidad para llevar su mensaje. Supo institucionalizar sus obsesiones, ubicando a la murga y al carnaval en un ámbito consagratorio, como el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Como compañero de ruta, siempre encontré en su enorme capacidad de trabajo, una fuente inagotable de creatividad y apoyo incondicional.
Poder recordar y analizar esta gran historia, permite ver a la distancia un trabajo personal e institucional incesante. La murga, como expresión del carnaval y la cultura popular de la ciudad de Buenos Aires, ganó espacios y aceptación impensados años antes. Y en ese presente, la acción y visión de futuro de Coco Romero y el Centro Cultural Ricardo Rojas han sido jugadores claves.

Bibliografía citada
El Corsito. Órgano de difusión del carnaval porteño. Buenos Aires, Centro Cultural Ricardo Rojas, Secretaría de Extensión de la Universidad de Buenos Aires, 1995-2010.
Martín, Alicia: Tiempo de Mascarada. La fiesta del carnaval porteño. Buenos Aires, Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, 1997.
Martín, Alicia: Folclore en el carnaval de Buenos Aires. Tesis de doctorado, Universidad de Buenos Aires, 2008, inédita.
Romero, Gualberto “Coco”: La murga porteña. Historia de un viaje colectivo. Buenos Aires, Editorial Atuel, 2006.
Alicia Martín es Doctora en Antropología y Profesora Titular Regular de la Universidad de Buenos Aires. Investigadora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano sobre temas de cultura popular, folclore y en especial, el carnaval de Buenos Aires.